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¡Ya viene nuestro Salinas! ¡Nuestro Ménem!
Por Mario Roberto Morales - Heredia, Costa Rica, 28 de septiembre de 2005

Llegó Wall Mart a Centroamérica. La cadena de supermercados Paiz, de Guatemala, y la Más X Menos, de Costa Rica, sucumbieron a la transnacional de los bajos precios y los malos tratos, como lo hizo la cadena Aurrerá, de México, hace unos años. Las oligarquías latinoamericanas triunfan de nuevo en su especialidad: la de salir a flote volviéndose socias minoritarias de las corporaciones transnacionales que hacen quebrar a las empresas locales para instaurar monopolios planetarios que desnacionalizan las economías y las culturas de los países dominados por elites de mentalidad colonial, poses cosmopolitas e ínfulas aristocráticas; elites que, por lo mismo, han sido incapaces de concebir e impulsar un proyecto de nación que incorpore a sus ciudadanías (y no sólo a sus familiares) al empleo, la producción y el consumo: a la generación de riqueza por medio de la libertad empresarial.

Para quienes -apoyándose en que la oligarquía acusa divisiones internas- dudaban de que en Guatemala existe un proyecto oligárquico de control del poder estatal para privatizar toda la propiedad pública, anular cualquier modalidad de competencia y consolidar el monopolismo local asociándose a las transnacionales, quizá la llegada de Wall Mart pueda abrirles los ojos un poco más. La oligarquía puede estar dividida respecto al reparto del pastel, pero el objetivo estratégico de impedir que haya más empresarios ricos y prósperos, y que el capitalismo local transite por caminos democráticos en lugar de monopólicos permanece intacto, y es ese objetivo el que hace del gobierno de Berger un gobierno de transición mientras los oligarcas colocan en la presidencia al demiurgo que hará de Guatemala lo que Salinas hizo de México, lo que Ménem hizo de Argentina y lo que Arias hará pronto de Costa Rica: un país sin más prosperidad que la de una vistosa oligarquía extranjerizante, indigesta de riqueza.

El viejo Partido de Avanzada Nacional (PAN) tenía esa misión, pero el asesinato del obispo Gerardi y, sobre todo, la escenificación que en torno de él realizaron los oportunistas de izquierda que apoyaban al homicida Portillo, tuvo el efecto deseado por el ala del Ejército que asesinó al prelado, a saber, desacreditar al sector militar que junto al gobierno había firmado la paz con la guerrilla pactando su inmovilismo perenne a cambio de la jubilación dorada de sus corruptos komandantes de (hotel de) cinco estrellas. Esto llevó a la derrota del PAN y a la victoria de Ríos Montt y su testaferro Portillo, quienes saquearon el Estado en nombre de un populismo dizque antioligárquico, escenificado con desvergüenza por una izquierda entregada a vulgares ambiciones de nuevo rico.

Al llegar Berger al poder mediante una frágil coalición de oportunistas de derecha apoyados por otros oportunistas de izquierda, los ventrílocuos oligárquicos del inepto presidente decidieron usar el Estado para impulsar su proyecto privatizador y de ingreso sin normas del capital transnacional. De ahí que las próximas elecciones sean el plazo que la oligarquía se ha fijado para tomar el control del país y prolongar su aplastante dominación de clase. Y no es raro que los voluntarios para ser nuestro Salinas o nuestro Ménem abunden, tanto entre los "seniors" como entre los "juniors" oligárquicos.

Es por ello imperativo converger en un esfuerzo partidario capaz de contener la ofensiva oligárquica apoyándose en el pueblo y sin sucumbir a los financiamientos que elevaron a Portillo y sus secuaces a la cumbre de su conocida criminalidad. ¡Todavía se puede!

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