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La táctica del rumor y la calumnia
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 26 de noviembre de 2005

En 1992, cuando volví a mi país y me inauguré como columnista, empecé haciendo lo que yo concebía como la crítica de la izquierda, la cual se centraba en la coalición guerrillera llamada Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), que entonces todavía protagonizaba -junto al ejército nacional- un cruel simulacro de guerra (ésta ya estaba perdida en el terreno por parte de la coalición) en el que siguieron muriendo inútilmente miles de indígenas gracias al aliento internacional que recibía esta organización por parte de buenas conciencias culposas, enardecidas por el testimonio de Menchú, el cual ofrecía una versión de Guatemala que, en su dimensión étnica y de lucha popular, estaba agudamente sesgada hacia los intereses de su organización guerrillera, el Ejército Guerrillero de los pobres (EGP). No cabía esperar otra cosa, ya que ese testimonio fue concebido como una pieza de propaganda política, y sólo la sensibilidad de Elizabeth Burgos a la hora de entrevistar a la testimoniante le otorgó la dimensión antropológica que todos conocemos.

Por afirmar cosas como la anterior y otras más, como que la URNG comparte con el ejército nacional la responsabilidad de la mortandad de indígenas debido a su errática e irresponsable conducción de la guerra, la mencionada coalición me colocó el sambenito de agente del ejército y la CIA, ya desde los días en que me encontraba en Nicaragua, entre 1983 y 1991, en donde fui encarcelado por militares sandinistas "solidarios" con la URNG que, al dejarme libre, me ofrecieron disculpas por el "error" cometido. En la práctica, fui calumniado en universidades de Centroamérica, Europa y Estados Unidos, y en ambientes culturales como la Casa de las Américas, de Cuba, y en editoriales "progres" de Estados Unidos y México, impidiendo que mis libros alcanzaran una difusión fluida y normal.

Después de que todo lo que dije sobre la URNG en mi crítica de la izquierda se fuera haciendo de conocimiento público hasta culminar con la traición desembozada que hacia su militancia implicó su firma de los acuerdos de paz, la exigua resaca de esa organización -ahora reconocidamente vendida, traidora y parásita de los financiamientos internacionales y el oenegismo corrupto- insiste en repetir lo mismo cuando de mi persona se trata. Desde 1996, cuando los contenidos de mi libro La articulación de las diferencias o el síndrome de Maximón empezaron a conocerse en Estados Unidos, los tentáculos de la URNG llegaron hasta algunos profesores gringos, quienes esparcieron la misma calumnia a los cuatro vientos, creyendo ciega e ingenuamente en lo que les decían los "revolucionarios" y sus allegados sobre mí.

A pesar de esto y de que hasta la fecha los remantes de esta izquierda que se enquistaron en las universidades gringas siguen impidiendo la publicación de la versión inglesa de mi libro, el mismo ha impuesto sus contenidos superando escollos como la orden de no citarlo ni consignarlo en las bibliografías de trabajos académicos y tesis de maestría y doctorado (aunque resulta obvia su lectura por parte de los graduandos y profesores que pretenden desconocer su existencia), de no mencionarlo cuando se trata de explicar el estado del arte del problema interétnico guatemalteco, y del calificativo de racista que la "izquierda" académica ligada a ex comandantes fracasados que se han refugiado en oenegés y que ahora navegan con banderas etnicistas, feministas, académicas y populares "políticamente correctas", me han endilgado.

Como la URNG se convirtió -parafraseando el conocido chiste popular- en una Organización Revolucionaria No Gubernamental, su resaca abarca toda suerte de culturalismos, feminismos y etnicismos fundamentalistas, de modo que hasta a los círculos literarios ha llegado su mano siniestra, esparciendo la especie de que, además de racista, soy un sexista irredento que se opone a la literatura "de mujeres", "de homosexuales" y "de mayas", y que, por lo tanto, es necesario eliminarme de la lista de escritores centroamericanos que puedan merecer algún reconocimiento. Algunas féminas antimasculinas que pueblan la crítica literaria feminista "posmo" en estas atrasadas latitudes, se han tomado esta tarea en serio. Al igual que un locuaz comodín paracultural guatemalteco que, con ínfulas de marqués, suele decidir a quiénes se les otorgan los premios literarios al uso y que no escribe ni una línea literaria. De él me ocuparé en extenso en otro artículo porque es un inmejorable ejemplo de cómo la actividad paracultural puede servir como mecanismo de relaciones públicas y ascenso personal dentro de los abruptos y toscos mecenazgos del subdesarrollo, poblados por militares, políticos, empresarios y aspirantes a políticos que nada saben de literatura ni de mucho más.

Denuncio de nuevo el acoso a mi persona y a mi obra por parte de las "izquierdas" "políticamente correctas" que dejó la corrupción interna de la URNG, porque acabo de enterarme de que en universidades españolas en las que se estudia la problemática interétnica de Guatemala, se me menciona como alguien que se opone y que ataca al "movimiento maya" apoyando las posturas racistas de los sectores oligárquicos de mi país.

Ante la pertinacia de la calumnia "de izquierda", les digo a quienes se han detenido a escuchar estas voces destempladas que mis escritos están a la vista en internet. Lo están mis posturas respecto a la posibilidad socialista en el mundo y ante la corrupta izquierda de mi país. También, la relativa a las luchas indígenas y a las caídas culturalistas de algunos de sus representantes ligados a los financiamientos internacionales. E igualmente, respecto del neoliberalismo local y global. Si la lectura de mis posiciones origina una crítica negativa que se base en el razonamiento y la argumentación documentada, yo seré el primero en celebrarlo y en participar en cualquier debate que pueda llevarme a enmendar errores de los que no me haya percatado y a mejorar mis análisis y propuestas teóricas.

La influencia sobre débiles conciencias culposas mediante la táctica del rumor y la calumnia es la única arma que le ha quedado a la URNG. Con ella logra ocultar y falsear las verdades concretas que le interesa mantener ocultas. Pero éstas salen a la luz tarde o temprano porque los hechos históricos las develan de manera espontánea.

Es cosa sabida que no hay peor crítico que el que se niega a leer. Resulta por ello muy fácil percatarse de que condenar adocenadamente a una persona sin leer sus libros ni conocer sus posturas de primera mano, es un acto tristemente hipócrita y cobarde que sólo expresa impotencia moral e intelectual.

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