Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

De los sofismas a lo concreto
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 21 de diciembre de 2005

Es obvio que los individuos concretos no suelen encarnar los ideales teóricos abstractos a cabalidad y que tampoco cabría esperarlo (A. De la Torre, Siglo Veintiuno 4-12-05) a menos de que fueran robots. Pero esto nada tiene que ver con mi afirmación de que los neoliberales (concretos) que se dicen liberales, traicionan deliberadamente el ideario liberal en la práctica cuando pugnan por destruir el Estado a favor del control de la política por el sector privado, ya que esto no se trata de una flaqueza sino de una estafa. Si el argumento de que los individuos concretos no están nunca a la altura de sus ideales abstractos se usa para justificar la demagogia sofística y la práctica oligárquica neoliberal, estaríamos lidiando con el cinismo político y no inmersos en un debate intelectual sobre lo concreto.

Acepto y suscribo con entusiasmo que los liberales valoren la libertad individual por encima de todas las cosas (De la Torre, SV 11-12-05), pero para decir esto no hace falta desplegar alargados resúmenes puntuales de la historia de las ideas políticas que, al ni siquiera rodear el punto de discusión inicial, cumplen la función sofística de desviar la atención hacia asuntos mediante los cuales se le echan cortinas de humo a lo concreto.

El objetivo estratégico del capital transnacional, cuya doctrina económica se llama neoliberalismo -pero cuyos intelectuales insisten en llamar liberalismo a secas- no consiste en la agenda liberal de igualdad de oportunidades, libre competencia, propiedad privada y libertad económica, sino en destruir los Estados convirtiéndolos en oficinas gerenciales al servicio de las iniciativas privadas, a fin de que sus burócratas puedan dirigir los asuntos políticos como parte de la administración de sus empresas, facilitando con ello que las oligarquías monopolistas se hagan socias minoritarias del capital transnacional, y anulando así la libertad económica en sus respectivos países.

El neoliberalismo global parte de esta condición para alcanzar su sueño: que el planeta sea un paraíso fiscal en el que los capitales transnacionales puedan manipular a la sociedad, la política y los Estados mediante las decisiones que en materia de salud, educación, cultura, comunicación, pensiones, cuidado ambiental, justicia, ejércitos, guerras y demás, sus burocracias consideren adecuadas a las dinámicas de los mercados alrededor de cuyos movimientos sus directivos hacen orbitar su trabajo, su moral, su ética y su vida, y en torno a los cuales ansían hacer orbitar también la vida del resto de la humanidad, aunque sólo en calidad de fuerza de trabajo consumidora. En este sentido, el neoliberalismo es un sectarismo neooligárquico cuyos enemigos naturales son los pequeños y medianos empresarios, la pequeña burguesía y las capas medias, a las que ven como una amenaza si existiera la libre competencia.

A esto, los intelectuales neoliberales responden con argumentos lógico-formales acerca del lenguaje, o con alargadas series de entradas yuxtapuestas de información puntual -al estilo de los diccionarios enciclopédicos- pues al parecer no pueden argumentar sino a partir del principio de autoridad remitido a autores que les sirven para apuntalar su ideología y su objetivo. Hace por ello mucha falta leer un discurso neoliberal que, como dijera Pérez-Reverte refiriéndose a Francisco Umbral, "trascendiera la cita, el plagio entreverado y el picoteo de lo ajeno", pues es tedioso transitar por textos que logran erguirse sólo a base de referencias que, como sigue diciendo aquél, "casi nunca provienen de lecturas directas, sino que delatan la tercería de la revista, suplemento cultural, antología o texto ajeno donde fueron espigados".

Hace falta, pues, un debate responsable basado no en sofismas ni en la fallida y lastimosa arrogancia del impotente intelectual que descalifica, al estilo de "La zorra y las uvas", a quien no puede vencer en debate abierto, sino -insisto una vez más- en el "análisis concreto de la situación concreta".

www.albedrio.org


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.