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Crítica de la razón moderada
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 19 de marzo de 2021

Breve diatriba sobre el necesario arte de hacer nuevos enemigos


Cuando Cioran afirma que “Sólo los espíritus superficiales abordan las ideas con delicadeza”, está pensando en la finura de los paniaguados, cuyo objetivo central en la vida es quedar bien y no hacer valer ideas en situaciones en las que la concretización de ellas puede ser la solución a problemas ingentes. Buscan decir lo que el otro quiere oír y no lo que resulta necesario decirle para que comprenda por qué debe hacer lo contrario de lo que hace. A estos expertos en la finura hipócrita cuyo único interés es la propia sobrevivencia mediocre, Cioran los llama “espíritus superficiales”, epíteto que encaja en la moralidad del arribista, el advenedizo, el oportunista, el “políticamente moderado” que siempre está de acuerdo con quienes van en contra y con quienes van a favor; el “conciliador” que pretende no tener enemigos en la farsa que ofrece al público como su ejemplar existencia. La llamada esfera pública está infestada de estos rastreros simuladores, algunos de los cuales llevan su mentira hasta la intimidad de la esfera privada, amargando con ello la vida de sus “seres queridos”.

La “delicadeza” con la que estos cobardes abordan las ideas los hace potenciales o activos traidores. De modo que cuando oigan el canto de sirena de los políticos “moderados”, tengan presente que se trata del discurso de George Soros, el testaferro de la banca Rothschild-Rockefeller, gestora de la crisis financiera global que nos agobia, del manejo geopolítico terrorista de la actual epidemia, del financiamiento del oenegismo culturalista y progre, y de los políticos “moderados” que sirven a ese capital improductivo. Mediante el “delicado” discurso de los “moderados”, que va del “quédate en casa” al “ni izquierda ni derecha, sino amor a la patria”, el sorosismo nos satura junto con una muy selectiva y mediática lawfare y con las candidaturas de políticos de tira cómica como “alternativa” ante los por él llamados “extremismos”. Y en éstos incluye perversamente al fascismo de la derecha ultramontana de garrote vil y a las justas luchas populares por la tierra, el empleo y la dignidad de los obreros, los campesinos y las ya proletarizadas capas medias.

Las ideas ―tanto las esgrimidas aquí como muchas otras― deben ser abordadas (no con delicadeza, sino) con determinación y sin concesiones al adversario, siguiendo el ejemplo de aquel formidable aventurero que arriesgaba el pellejo para probar sus verdades. Pues, como afirma también Cioran: “Deja uno de ser joven cuando ya no escoge a sus enemigos y se contenta sólo con los que tiene a mano”. Triste manera de envejecer pudiendo hacerlo con dignidad, escogiendo con deleite cada vez nuevos enemigos, esos que siguen brotando en el fango de la “delicadeza” de sus ideas, la “moderación” de su política, el fariseísmo de sus religiones y la tibieza de su testosterona y de su estrógeno. Estos precoces viejos de espíritu superficial, marchitos por su delicado modo de abordar las ideas y los actos, son los enemigos de quienes asumen lo que piensan y lo que hacen con criticidad y radicalidad, partiendo del análisis concreto de la realidad concreta y yendo a las últimas consecuencias para cambiarla. De aquellos cada vez hay más. Por eso debemos escogerlos como blanco de la razón radical: como nuevos enemigos.

Bueno, a menos que seamos de esos cuyo modo de “hacer algo” es victimizarse, lo cual constituye la “praxis” de los inútiles. Ya lo dice Cioran: “Sufrir es la manera de estar activo sin hacer nada”.

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