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Medios masivos y simulacros de debate
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 17 de diciembre de 2006

Los programas de discusión de ideas se pusieron de moda aquí cuando el final de la guerra fría obligó a los propietarios de medios de comunicación a jugarse la carta del pluralismo y la libre expresión del pensamiento, para lo cual crearon programas "de debate" imprimiéndoles su especial concepción de lo que es la confrontación de ideas. Para ilustrar esto, analicemos las técnicas e ideologías de dos programas de televisión, y aludamos a sus pares radiales y de opinión escrita.

El propietario y conductor del programa Libre Encuentro, Dionisio Gutiérrez, suele sentar a sus invitados a su diestra y a su siniestra, según avalen o no su agenda política. La ubicación es intercambiable en el espacio, pero no en la mentalidad del conductor, quien interrumpe en forma constante a sus interlocutores para insertar su ideario político y hacer que el entrevistado concluya antes de lo previsto. Cuando el interpelado profesa una ideología política diferente a la del conductor, éste suele acotar cualquier cosa contradiciéndolo, para pasar de inmediato a darle la palabra a otro invitado, cortándole el encuadre y el audio e impidiéndole replicar, explicar o aclarar.
La técnica está calcada del programa británico Hard Talk , pero sobre todo de Fox News, la cadena noticiosa ultraderechista estadounidense, ligada al ala más conservadora del partido republicano y al cristianismo fundamentalista al estilo de Pat Robertson y, en especial, imita el estilo insolente del tóxico presentador fascista Bill O'Reilly. La agenda o ideario político del presentador gira en torno al ABC del neoliberalismo vernáculo, tal y como se enseña en la Universidad Francisco Marroquín por sus ideólogos principales: el cubano anticomunista Armando de la Torre y el guatemalteco Manuel Ayau, miembro conspicuo del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), autollamado "partido de la violencia organizada".

Este ideario está conformado por la noción de que el Estado debe reducir sus funciones a la de velar por el cumplimiento de la ley, y debe ser despojado de cualquier control sobre el mercado y de cualquier tarea de servicio público, como la salud, la educación, las pensiones y demás. Todo, con el objetivo de que la política y los políticos sean sustituidos por la administración empresarial y por gerentes. La retórica utilizada para expresar estas ideas y objetivos suele echar mano de clisés como "Estado de derecho", "reglas claras", "creación de riqueza", "igualdad ante la ley" y, sobre todo, "libertad individual", entendida como contrapartida de controles estatales.

El propietario y conductor de Este-Oeste , Alfred Kaltschmitt, también suele ubicar a sus invitados a su diestra y a su siniestra, porque al igual que su colega de Libre Encuentro , percibe las posturas ideológicas de manera bipolar, es decir que para él sólo puede haber dos posibilidades de debate, y una de ellas es la verdadera y la otra, la falsa. Esta concepción maniquea del mundo es propia de los fundamentalismos religiosos, políticos y económicos, como el calvinismo, la "nueva derecha" y el neoliberalismo.

Su noción bipolar del mundo hace a los neoliberales vernáculos concebir el debate intelectual como una justa deportiva en la que tiene que haber ganadores y perdedores, al estilo del "éxito" que suelen endilgarle a quienes lucran más que los "fracasados". A pesar de esto, el conductor de Este-Oeste (juego de palabras que refleja su mentalidad bipolar: o lo uno o lo otro, Este o este ), suele ser menos cáustico que el de Libre Encuentro , quien, para su desgracia, no ha aprendido todavía a sonreír, ni siquiera cuando invita a quienes dicen lo que a él le gusta escuchar. El ideario de ambos es, sin embargo, el mismo, y por ello vocean más fuerte las cuatro ideas cajoneras ya mencionadas cuando monologan con invitados de su mismo bando.

La misma estructura de estos shows se observa en los programas radiales "de debate" dirigidos por alumnos de la Universidad Marroquín, como por ejemplo Milenio tres , Todo a Pulmón , Tiro libre , Contravía y en las columnas de opinión de Estuardo Zapeta, Marta Yolanda Díaz-Durán, Jorge Jacobs, Ríos de Rodríguez, González Merlo, Minondo Ayau, Luis Figueroa y uno que otro más, cuya mayor fortaleza es su capacidad de repetir, en interminables monólogos disfrazados de diálogos, las cuatro ideas del neoliberalismo empresarialista y anticomunista local, en contra de cualquier opinión que propugne por los valores liberales basados en la igualdad de oportunidades y en la expansión del capitalismo por la vía de la pequeña y mediana empresa y no de los monopolios de la oligarquía.

El debate intelectual en un país que lucha por democratizarse no puede consistir en una pugna bipolar en la que deba ganar este o aquel y en el que esa agenda se disfrace de libres encuentros previamente amañados. El debate libre de ideas parte de la igualdad de oportunidades liberal, y no de una bipolaridad maniquea que considera verdadero y bueno lo propio, y falso y malo lo ajeno, y en nombre de lo cual se habla de democracia, libertad y Estado de derecho, reprimiendo en la práctica el disenso y el debate reales, amparándose en el carácter sagrado de la propiedad privada sobre los medios de comunicación.

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