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Negra navidad y blanco año nuevo
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 10 de enero de 2007

Uno de los sectores financieros más "blancos" y "aristocráticos" de la provinciana oligarquía de mi país, ordenó a las clasemedieras autoridades bancarias denunciar algunas de las anomalías "normales" que perpetran los banqueros aquí, para cerrar el Banco del Café, a fin de truncar la carrera de su dueño, un nuevo rico cuya morenez y fenotipo vernáculo e ideas no alineadas, resultaban incómodas a la elite de pedigrí colonial, sobre todo porque se perfilaba como seguro candidato a la presidencia por parte del oficialista partido oligárquico Gana, actualmente en el poder. Después del cierre de Bancafé, ese mismo sector "blanco" de la oligarquía hizo correr el rumor de que el banco G&T Continental también estaba en quiebra, lo cual llevó a la ciudadanía a retirar sus ahorros y guardarlos en casa, desatando una insólita escasez de circulante en los ubicuos cajeros automáticos y causando, en plena época navideña, innumerables problemas a los pequeños comerciantes y consumidores que carecen de tarjetas de débito y de dólares.

El nuevo candidato de la Gana resultó ser otro de esos mandones oligarcas de ideas simples y modales campesinos, que durante su corta gestión como jefe de presididos en este gobierno, pidió al ministro de gobernación y al jefe de la policía -dos personajes con genuina vocación fascista- realizar un operativo de cerco y aniquilamiento en una conocida cárcel controlada por narcos y capos del crimen organizado, asesinando a sangre fría a varios de ellos. Este operativo, en el que el actual candidato de la Gana participó sólo como figura burocrática, constituye el "mérito" que lo hizo presidenciable en lugar del ex banquero vernáculo que en vano trató de integrarse a las herméticas argollas de la oligarquía colonial. Este mérito de "mano dura" lo equipara a un general contrainsurgente que basa su campaña presidencial precisamente en ofrecer la misma receta contra las maras, con la diferencia de que el oligarca de marras le arrebató su bandera al militar porque ejerció la violencia en televisión, mientras el otro la perpetró en secreto durante las campañas de "tierra arrasada".

Como parte de la estrategia para perpetuar el poder de la Gana -luego de un gobierno inocuo y de total entreguismo a la cooperación internacional gracias a los buenos oficios de Rigoberta Menchú-, la oligarquía de pedigrí colonial ha "relanzado" los repudiados (por inocuos) "acuerdos de paz", a fin de asegurar el flujo de dineros internacionales (que fueron los que financiaron esas componendas entre militares y capos guerrilleros); por eso, el alcalde de la capital (y presidente en la época de la firma de los acuerdos) mandó quitar una hermosa fuente del Centro Cívico y la reemplazó por un verdoso adefesio escultórico que conmemora la firma de esa corrupta paz hace diez años. Se trata de un monumento que desde la distancia parece un mustio y tétrico árbol de cuyas ramas secas intenta desenredarse con desesperación una gallina. De cerca, se ve que son dos manos monstruosas soltando al aire a una obesa paloma estupefacta.

Este mismo grupo de "blancos" es el que desde el gobierno aplica el principio oligárquico que sustituye la justicia social con la beneficencia y reemplaza la suficiencia económica del Estado con financiamientos internacionales e inversiones de familiares y amigos, y también desviando las obligaciones estatales hacia el bolsillo de la ciudadanía, de modo que en medio de constantes peticiones de limosna por doquier, en los supermercados se les pide a los consumidores donar su vuelto a las escuelas pobres del país, para paliar una desastrosa gestión educativa oficial.

Mientras tanto, el país se envuelve en una densa bruma que oculta el paisaje prístino de esta época. Es el humo de los cañaverales incendiados por la zafra de los azucareros de la Gana; quienes, a falta de nieve blanca, le regalan a la costa sur su fétida "nieve negra", hecha de ceniza y desechos carbonizados, como todas las navidades.

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