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Hace falta el partido
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 24 de enero de 2007

El actual gobierno, que cuenta con el apoyo de varios medios de comunicación y con el de la cooperación internacional (vía Rigoberta Menchú), se apresura a "dejar obra física" mediante enormes contratos con empresas privadas y con organismos como el PNUD que, como se sabe, ejecuta millonarios proyectos oficiales sin fiscalización.

Se ha especulado con insistencia sobre que, como parte del panorama preelectoral y de la preparación gubernamental del terreno para facilitar el continuismo oligárquico oficialista, el gobierno intervino el Banco del Café para sacar a su dueño de la contienda interna por la candidatura presidencial del partido gobernante. El cierre causó zozobra entre la clientela de ese banco, pues fue el inicio de una seria desestabilización del sistema financiero que se incrementó con una campaña negra contra el Banco G&T Continental, la cual provocó un retiro masivo de dinero de los depositantes de ese y otros bancos. Todo esto hizo cundir una escasez de circulante que aterrorizó a la población y que impactó a todos los sectores productivos, en especial a los más pobres.

Hace pocos días, los directivos del Banco de Comercio solicitaron la intervención oficial de su entidad, provocando el suicidio de un inversionista. Sus directivos y los de Bancafé son ahora prófugos de la justicia de un gobierno que insiste en ponderar la gestión fiscalizadora oficial, según la cual, a pesar de todo, la solvencia de la banca privada está fuera de duda. Estas defensas del gobierno a subalternos obedientes a la línea oligárquico-mercantilista no es nueva. Cuando el congreso le dio un voto de desconfianza a la ministra de educación, el presidente y su gabinete en pleno salieron en televisión rechazando su renuncia y confirmándola en su puesto, a pesar de los señalamientos sobre amañadas licitaciones para la compra de libros de texto, y de su insolente trato al gremio magisterial.

Con un sistema bancario sin credibilidad y con dudosa supervisión de la entidad fiscalizadora; con conspicuos miembros de la casta oligárquico-financiera en fuga; con un magisterio opuesto a una reforma educativa neoliberal, y con una situación de seguridad en la que la ley sólo sirve para que la burlen no sólo los criminales del "bajo mundo" sino también los banqueros de la oligarquía, los gobernantes siguen haciendo negocios con la construcción de "obra física" en las áreas que a sus allegados les son útiles. Todo, para aliviar el temor de que surja un candidato que emule a Lula, a Chávez, a Morales, a López Obrador, a Ortega, a Bachelet, a Vásquez, a Kirchner, y para poder mostrar "logros" a fin de lanzar alguna candidatura tan "sorpresiva" como inocua, como la de Menchú o cualquier otro incauto, y mantener así abierto el flujo de la cooperación internacional, pues sin eso ni la sociedad civil ni la política pueden dar un paso adelante, desde que el gobierno oligárquico que firmó la paz con la guerrilla en 1996 cambió los planes de desarrollo nacional por el errático asistencialismo foráneo.

La izquierda ex guerrillera también busca desesperada participar en las elecciones de septiembre, financiada por la cooperación internacional. Los otros partidos oscilan entre la influencia de Ríos Montt y la de la oligarquía, quienes de oficio pactan en aras de la "gobernabilidad", como ocurre en este gobierno.

Hace falta un partido que rompa este esquema con una postura autónoma respecto de la oligarquía, la cooperación internacional y los politiqueros corruptos. Un partido que en vez de proponer "socialismo o muerte", proponga llevar a sus últimas consecuencias el ideario liberal, reivindicando el derecho de las capas medias y de los pequeños, medianos y grandes empresarios a la libertad de hacer negocios sin la amenaza de las prácticas monopolistas de la oligarquía, para que así puedan crear empleo masivo e incorporar a la población a un proyecto económico que le garantice trabajo, salario y consumo. La gente capaz de hacerlo está a la vista. Hace falta el partido.

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