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A fuego lento
La retórica "socialista" y el ideario liberal como táctica
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 29 de enero de 2007

La tendencia más conservadora de la URNG respondió a mi artículo “Hace falta el partido” (Albedrío 23-1-07), por medio del extraño nombre de Alfonso Galileo García Vela, quien, en un artículo titulado “Hace falta el partido pero, ¿con ideario liberal?” (Albedrío 29-1-07), hace una doctrinaria defensa del “socialismo”, acusándome de hacerle el juego a la oligarquía porque propongo un partido que, echando mano del ideario liberal, rompa con el esquema de dependencia de la oligarquía, de los políticos corruptos y de la cooperación internacional. De esta última depende la izquierda de la URNG, su movimiento amplio MAIZ y toda la “sociedad civil” llamada “progresista” por “políticamente correcta”).

He aquí el párrafo que escribí y que motivó el ataque:

Hace falta un partido que rompa este esquema con una postura autónoma respecto de la oligarquía, la cooperación internacional y los politiqueros corruptos. Un partido que en vez de proponer “socialismo o muerte”, proponga llevar a sus últimas consecuencias el ideario liberal, reivindicando el derecho de las capas medias y de los pequeños, medianos y grandes empresarios a la libertad de hacer negocios sin la amenaza de las prácticas monopolistas de la oligarquía, para que así puedan crear empleo masivo e incorporar a la población a un proyecto económico que le garantice trabajo, salario y consumo. La gente capaz de hacerlo está a la vista. Hace falta el partido”.

En su acusatoria crítica, García Vela nos recuerda que el liberalismo es la ideología del capitalismo, pero olvida o ignora que el capitalismo ha evolucionado y que el ideario liberal que lo conformó ha sido contradicho no sólo por el imperialismo, sino también por el neoliberalismo, que navega con bandera liberal pero que en la práctica es oligárquico y monopolista. Ya Árbenz quiso llevar a sus últimas consecuencias el ideario liberal, conformando un mercado interno fuerte a partir de una reforma agraria para convertir luego el producto agrícola en producto industrial hecho en Guatemala, y fue derrocado por “comunista”.

Digo esto porque, al parece, García Vela no está enterado de los debates acerca del replanteamiento mundial de la izquierda, y menos del arrebatamiento del ideario liberal por parte de ésta, en el siguiente sentido. Está visto (y mis debates con los liberales vernáculos lo prueban) que una de las armas teóricas más efectivas para combatir al neoliberalismo (tanto teórica como ideológicamente), es contradecir su práctica oligárquica con el ideario liberal en la mano, y no con la retórica socialista de antaño. Esto, porque el neoliberalismo se opone al ideario liberal y porque la retórica socialista refuerza las posiciones neoliberales en tanto que esta retórica antañona no aguanta un debate con la sofística neoliberal (que le echa en cara el desastre del socialismo real), como ha quedado clarísimo en programas como Libre Encuentro, en los que los ideólogos oligárquico-neoliberales revuelcan a los ingenuos izquierdistas que llegan a la televisión proponiéndose, por enésima vez, como salvadores del pueblo y la pobrería. Ojalá debatieran con el marxismo en la mano. Pero, por el contrario, lo hacen repitiendo la retórica de “Patria o muerte, venceremos” y otras consignas un poco más hemoglobínicas y románticas. Y los neoliberales se ríen de ellos porque saben que esa retórica se aguada ante el dinero de la cooperación internacional, entre otros dineros.

Es a esto a lo que el neoliberalismo llama populismo, y mientras la izquierda conservadora siga aferrada a esa retórica, la otra cara de la medalla autoritarista seguirá campante poniéndola de ejemplo de lo que no se debe hacer en tanto que la historia misma ha probado su ineficacia. En esta perspectiva, ¿quién le hace el juego a quién?

Mil veces he intentado entablar debates con los neoliberales vernáculos y no se tiran al ruedo precisamente porque mis argumentos apelan al ideario liberal, que es con el que de mejor manera se les puede desenmascarar su vocación oligárquica y servil al gran capital. Su retórica de libre empresa y libre competencia es pura y prístina demagogia. Pero García Vela condena al liberalismo como un todo inamovible y estático, como matriz fija del capitalismo salvaje, al que con toda razón responsabiliza de todos los males actuales de la humanidad. Sin embargo olvida o ignora que liberalismo equivale a democracia capitalista y que esto es precisamente lo que el neoliberalismo niega con su práctica, aunque con su retórica lo afirme. También, que la bandera de la democratización capitalista fue siempre la antesala del socialismo y que en todo marxista ha habido antes un liberal, porque sólo el liberalismo, como doctrina que no cuajó en la práctica sino que fue sustituida por ideologías justificatorias del monopolismo, pudo propiciar el socialismo como alternativa al desarrollo capitalista oligárquico y al imperialismo. Quiero decir con esto que el ideario liberal clásico es idóneo para echar a andar un proyecto de democratización y modernización de la economía y del Estado en las actuales circunstancias neoliberales de atraso capitalista oligárquico, y para aglutinar fuerzas antioligárquicas y antineoliberales, sorteando el binarismo neoliberal-socialista, cuyo choque refuerza a cada uno de sus contrarios, impidiendo el desarrollo de cualquier alternativa democrática.

Llevar a sus últimas consecuencias el ideario liberal no significa, desde una perspectiva de izquierda, repetir el desarrollo del capitalismo hacia el monopolio, como supone García Vela. Eso ya ocurrió. Ahora, el ideario liberal puede servir para ampliar el sujeto revolucionario, haciéndolo trascender el victimismo obrero-campesino (hoy, “políticamente correcto” por estar financiado por la cooperación internacional), incorporando a la capas medias y a los pequeños, medianos y grandes empresarios a un proyecto que lleve adelante un “interés nacional” interclasista. La retórica obrero-campesina y el socialismo que colapsó, son banderas que al neoliberalismo y a la oligarquía les fascina enfrentar porque pueden contradecirlas con enorme facilidad, a pesar de que el fracaso de las experiencias neoliberales está estrepitosamente a la vista.

Es un error desechar el ideario liberal equiparándolo con el neoliberalismo (que es una doctrina esencialmente oligárquica), renunciando a sus posibilidades tácticas de democratizar una sociedad asfixiada en sus posibilidades capitalistas por una oligarquía atrasada e inculta, sobre todo si se hace en nombre del bolivarianismo chavista, una experiencia focalizada en un país que flota en petróleo y cuya idiosincrasia nada tiene que ver con Guatemala. Eso equivale a caer en el mismo error en que cayó la guerrilla de los años 60 al copiar el modelo foquista cubano de Debray, y transpolarlo a la Sierra de las Minas. El resultado es conocido.

En cuanto a la gente que considero capaz de entrever la posibilidad táctica de usar el ideario liberal como bandera democratizadora, al mismo tiempo antioligárquica y antineoliberal, no se trata de ningún político de derecha a la vista, como supone García Vela, y esto incluye los de la URNG-MAIZ, sino se trata de personas sin cola que les pisen y cuyos nombres me reservo apelando a mi sacrosanta voluntad.

Acudir al victimismo izquierdista y a la tendalada de muertos que dejó la ineficiencia de los komandantes de (hoteles de) cinco estrellas, para enaltecer a la izquierda conservadora y argüir que el “socialismo” tiene la razón histórica inapelable, es insistir en el dogmatismo mesiánico y caer en la irresponsabilidad de negarse a aprender de los propios errores, irrespetando precisamente a esa tendalada de muertos de la que no sólo el ejército es responsable sino también lo es la dirección de la izquierda conservadora.

El ideario liberal como bandera que parta las aguas oligárquicas es una mejor arma táctica que el “socialismo” (sea esto lo que fuere a estas alturas del partido), porque con el ideario liberal se le da al neoliberalismo una intoxicante cucharada de su propia medicina, la cual, dada su práctica oligárquica, no puede digerir. En cambio la retórica socialista de antes refuerza las posturas neoliberales ante la pobreza teórica y argumentativa de los escuálidos intelectuales orgánicos de la izquierda tradicional.

Finalmente, echar mano del argumento ad hominem acusando a quien esto escribe de hacerle el juego a la oligarquía, cuando es la izquierda oficial y debidamente financiada por la cooperación internacional, la que no se pronuncia acerca de nada de lo que ocurre en su país, prueba que la fracasada vieja guardia urrenegista sigue viva en los eternos segundones de los komandantes de (hoteles de) cinco estrellas, y que, sobre todo ahora, cuando quieren ser presidentes y ministros emulando a Chávez, a Morales, a Ortega, son incapaces de pensar dialécticamente y con flexibilidad, y de debatir con ideas sólidas. Por lo que está visto que no son ellos los llamados a renovar la izquierda en este país, sino sólo a seguirle haciendo el juego a la oligarquía y al ejército, como lo empezaron a hacer al firmar el acuerdo agrario y al pactar secuestros (como el de la señora Novella) con sus viejos enemigos uniformados, con todo lo cual su condena a engrosar el material del que está hecho el basurero de la historia, resulta ya del todo inapelable.

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