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A fuego lento
Ser radical es ir a la raíz
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 31 de enero de 2007

En efecto, si las demandas liberales fueran asumidas por parte de sectores populares en un programa político y económico que las ubicara como objetivos a cumplir por parte de los gobiernos, y también como agenda de un Estado fuerte por el cual valiera la pena luchar (en vista de que el poder del mismo se usaría para ponerlas en práctica), la sociedad experimentaría cambios notables. El proceso de llevar a sus últimas consecuencias las demandas y postulados liberales puede llamarse democracia radical, noción que alude a la voluntad de atacar de raíz –y en la práctica– los problemas que el liberalismo solo ataca “teóricamente” y a los que les da soluciones parciales, sectoriales, y no radicales (de raíz, de origen).

La inquietud que anima este artículo tiene que ver con la pregunta acerca de si es posible que, a partir de una plataforma liberal (no neoliberal), se pueda llegar a un proyecto económico y político de democracia radical mediante el diseño de un interés nacional interclasista a corto, mediano y largo plazo. Todo esto camina en la dirección de reflexionar sobre la posibilidad de captar la militancia de amplios sectores populares que han estado permanentemente descontentos con los planteos y experiencias de la izquierda ex guerrillera porque han considerado que esta carece de radicalidad, es decir, de la voluntad de llegar a la raíz de los problemas a los que a veces alude solo en forma retórica, y de sopesar también la posibilidad de captar la militancia de pequeños, medianos y grandes empresarios que hasta ahora han visto en la izquierda un potencial peligro para la construcción del Estado de derecho. Se trataría de atacar los problemas en su causa última, que es estructural, y cuya solución requeriría cambios estructurales por la vía democrática. De aquí la noción de democracia radical, para aludir a la posibilidad de llevar las demandas liberales a sus últimas –y radicales– consecuencias en el marco de un Estado de derecho.

El momento histórico que vive el país hace que la interrogante deba ser planteada y que algunas respuestas a la misma deban ser ensayadas –por qué no– en estos espacios. Pienso que tal vez alrededor del eje de la democracia radical, vista no solo como concepto sino como programa de desarrollo económico y de modernización del Estado, la unidad de las izquierdas radicales dispersas y de los sectores liberales progresistas pueda llegar a un punto de mayor concreción. (Una interesante acepción del concepto de democracia radical se puede estudiar en el libro de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, Hegemonía y estrategia socialista).

Esta es la inquietud. Pero creo que hacen falta más criterios y razonamientos acerca de la posibilidad de un programa político que se proponga llevar las demandas liberales a sus últimas consecuencias, es decir, a la raíz última de los problemas que pretende solucionar. Haciéndolo se desmantelaría la pretensión oligárquica de mantener las prácticas monopolistas como eje de un desarrollo que nunca llega, y también la retórica neoliberal sobre el encogimiento y neutralización del Estado, al que el neoliberalismo sueña con convertir en una mera oficina de administración gerencial y policíaca que garantice la majestad de la ley oligárquica.

Es hora de ir a la raíz estructural de los problemas en nuestro país. ¿Será posible llevar a sus últimas consecuencias el ideario liberal para construir una democracia radical que no tenga vuelta atrás y erradique las prácticas monopolistas de una oligarquía que quiebra a cualquiera que pretenda engrosar el empresariado y ensanchar las capas medias? Como no hay a la vista un planteamiento realista que sea más radical que este, tal vez valga la pena iniciar un debate al respecto, aunque ya se sabe que la izquierda dogmática que depende de la cooperación internacional aullará “¡blasfemia!” en tal osadía, y que la derecha tradicional chillará “¡comunismo!” al escucharla. Es por eso necesario apelar a la inteligencia y a la valentía para entender qué significa ser radical, y serlo.

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