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A fuego lento
Franz Galich se echó a volar
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 5 de febrero de 2007

En la madrugada del sábado 3 de enero, falleció el escritor guatemalteco radicado en Nicaragua, Franz Galich, según nos informó a varios escritores centroamericanos la poeta nicaragüense Vida Luz Meneses. Al leer su mensaje, de inmediato volvieron a mi mente los recuerdos de un encuentro de escritores centroamericanos en Berlín, durante los años de la Nicaragua sandinista, y las charlas que con Franz, Tito Monterroso, Francisco Albizúrez Palma, Roberto Armijo y Chuchú Martínez, entre otros, tuvimos en aquella ciudad, en la que todavía estaba en pie el muro que con tan ingenuo fervor había ayudado a construir Otto René Castillo.

Luego recordé a Franz en México, dando declaraciones sobre la persecución de universitarios en Guatemala, y, finalmente, recordé su novela Huracán Corazón del Cielo, que me dio a leer en manuscrito inédito, así como Managua Salsa City, y su extraordinario relato “El ratero”. Bromista y dicharachero irredento, decidió quedarse a vivir en Nicaragua porque se enamoró de una mujer y logró hacer amigos entre los escritores nicaragüenses. ¿Qué razón más fuerte se puede nombrar que justifique quedarse a vivir en otro país, aun después de decaído el fervor revolucionario que lo había llevado allí?

Franz y yo siempre nos llevamos muy bien, cosa rara entre escritores guatemaltecos. Como es costumbre en nuestro país, lo más probable es que ahora se le entonen las loas que a ningún escritor se le entonan en vida, como ha ocurrido con Luis de Lión, mi inolvidable compañero de juergas. Es de esperar que a Franz no se le deshumanice idealizándolo como ha ocurrido con Luis, pues eso no le favorece a ningún escritor. Franz, como todos aquellos que dedicaron y dedican su vida a escribir, merece ser ubicado en el lugar que le corresponde dentro de la historia de la literatura nacional. Si se hace eso, ya sería bastante.

Guatemala ha perdido a otro escritor. Para el vulgo, no se ha perdido nada. Pero para quienes algún día acudirán a los documentos que dan cuenta de la evolución de la memoria colectiva, la contribución de Franz se habrá de perfilar como necesaria. El apodo que a mí me gustaba decirle a Franz Galich era “Fal Galil”, en referencia a los fusiles del mismo nombre, tan usados en la Nicaragua sandinista (de la primera época, claro). Pero los nicas le decía simplemente “Frangálich”. Me lo imagino volando sobre las apacibles aguas de su natal y amado Amatitlán y sobre el lago de Managua. A volar se ha dicho, “Fal Galil”. A volar…

Guatemala, 3 de enero del 2006.

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