Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

A fuego lento
Respuesta a Mario Domingo - El misterio del obispo
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 9 de mayo de 2007

Mario Domingo afirmó ayer en este espacio que yo digo que los militares condenados por el asesinato de Gerardi son inocentes. Lo que dije fue que su condena sirvió para encubrir a los autores intelectuales del crimen y que su participación en el mismo era, cuando menos, dudosa. También dice que mi afirmación de que Gerardi valía más muerto que vivo, tanto para los militares como para la ODHA, es insidiosa y malintencionada. Y me acusa de creer a pie juntillas en la versión del libro ¿Quién mató al obispo?, sobre el cual escribí en su momento que solo dejaba bien parado a Arzú, lo cual me parecía sospechoso.

El señor Domingo me invita a visitar la sede de la ODHAG para mostrarme pruebas fotográficas y jurídicas de la culpabilidad innegable de los militares condenados, a fin de que yo aprenda a escribir con objetividad porque –afirma– soy “hipercrítico” y confundo la realidad con la ficción. Acepto la amable invitación del señor Domingo. Y, para el efecto, le ruego que se comunique conmigo a la dirección electrónica que le pueden proporcionar en elPeriódico, para que me dé una cita en su oficina y él personalmente me muestre las pruebas que tan amablemente ofreció mostrarme. Quedo a la espera de sus noticias.

Guatemala, 28 de abril de 2007



El lunes 7 de mayo atendí a la invitación que me hiciera el abogado Mario Domingo para revisar alguna documentación que la ODHA posee en relación al caso del asesinato del obispo Juan Gerardi. Durante un par de horas, el abogado nos mostró a Andrés Zepeda y a mí varios legajos de documentos gráficos y escritos sobre el controvertido caso, de cuyo análisis rápido pude sacar algunas conclusiones al vuelo.

La versión dada por Maite Rico y Bertrand de la Grange en su libro ¿Quién mató al obispo?, sobre la relación entre el obispo Hernández, su hija Lucía y la Banda Valle del Sol, provino del testimonio de una mujer que vive en Canadá, el cual pude leer y del que me quedó claro que, como todo testimonio, sólo está sustentado en su palabra, la cual no tiene garantía alguna de veracidad, aunque sí muchas posibilidades de fantasiosidad y exageración al describir las relaciones de Hernández y su hija con el crimen organizado. Por otra parte, parece que las pruebas forenses acerca de que algunas heridas en el cadáver del obispo habrían sido provocadas por dentelladas de perro, no se sostienen y, por ello, según la ODHA, el perro del cura Orantes no tuvo que ver en el crimen a pesar de que su amo estuvo presente en el mismo. Sin duda, las fotografías del cadáver del obispo han evidenciado siempre que no fue el perro quien lo mató, aunque pudo haberlo mordido. Las discrepancias al respecto continúan, a pesar de haber perdido relevancia.

En las declaraciones del defensor de los militares condenados por participar en el asesinato del obispo, pueden leerse un par de incriminaciones de tipo retórico, en las que el defensor, al solicitar un cambio en la tipificación del delito atribuido a sus clientes, tácitamente admite su culpabilidad.. Cuando le dije al abogado Domingo que se trataba sólo de retórica verbal y no de evidencia factual, respondió que eso era lo que tenía validez ante un juez, pero que la ODHA también tiene pruebas concretas de la culpabilidad de los militares. Éstas habrían sido más interesantes de ver porque, aunque las pruebas discursivas puedan tener validez jurídica ante un juez, no es menos cierto que la lógica jurídica es una lógica formal y semánticamente manipulable, por lo que a menudo tiene poco ver con la veracidad de los hechos, razón por la cual es común que un juez se vea forzado a condenar a un inocente o a absolver a un culpable, sabiendo que su dictamen, formalmente correcto, es erróneo e injusto. También pude leer declaraciones de personas vinculadas al Estado Mayor Presidencial, en las que apelando a su palabra involucran a militares de alto rango en el asesinato del obispo.

La documentación que nos mostró el abogado Domingo no explica el caso ni mucho menos. El mismo abogado así lo entiende y fue enfático al decirnos que no pretendía convencernos de nada, sino sólo mostrarnos una mínima parte de las pruebas documentales que tiene la ODHA, contradiciendo la versión de Rico y La Grange, y vinculándola con los responsables del crimen, incluidos los militares convictos. A lo cual agregó que esta información se halla a disposición del público.

Cuando le preguntamos al abogado Domingo por qué la ODHA no ha desarticulado la versión de Rico y La Grange, teniendo pruebas de que es una versión falsa, aceptó que era algo que deberían hacer. Rico y La Grange insinúan que entre los autores intelectuales del crimen hay militares de alto rango, y en esto coinciden con la ODHA, aunque exculpan a los militares convictos e incriminan a la ODHA misma y a miembros de la jerarquía eclesiástica en el delito. Esta es la contradicción que persiste hasta la fecha, y el debate correspondiente lo libran quienes defienden la inocencia de los militares condenados y quienes los inculpan. Lo cual resulta ser un mero distractor en relación al establecimiento de quiénes son los autores intelectuales del crimen, por lo que esta pugna parece ser una más de las tantas cortinas de humo que envuelven a este caso tan rentable como misterioso.
Guatemala, 9 de mayo de 2007

www.albedrio.org


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.