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A fuego lento
Turbulencia electoral
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 17 de mayo de 2007

Álvaro Colom, el puntero

En medio de un intenso y asfixiante mercadeo electoral, que a toda hora satura e irrita el ánimo de la ciudadanía, resulta que el candidato al que las encuestas favorecen es a Álvaro Colom, quien inició su carrera política como presidenciable de la exguerrillera Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG), y esta es la tercera vez que se lanza a la competencia presidencial.

Su partido es el de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), de ideas socialdemócratas mezcladas con la retórica de la “corrección política” al uso, en especial en relación a las mujeres y los indígenas, de los cuales él es sacerdote “maya”. Su ventaja deriva de que las dos campañas en que participó lo hicieron muy conocido en el interior del país, y la última vez perdió por muy escaso margen.

Señalado de corrupción en el financiamiento de su campaña por parte de la oligarquía, Colom incorporó como su vice presidenciable al cirujano Rafael Espada, médico de cabecera de algunas de las familias criollas de mayor pedigrí colonial, quizá con el fin de tranquilizar al sector económico más poderoso que, de esta manera y en caso de que Colom ganara las elecciones, tendría ojos y oídos cerca del mandatario.

Otto Pérez Molina, candidato por el partido Patriota. Ocupa la segunda posición en la intención de voto.

Pérez Molina, el segundo

El segundo lugar en la intención de voto se lo dan las encuestas al general contrainsurgente Otto Pérez Molina y a su Partido Patriota (PP). Pérez Molina fue uno de los artífices de la firma de la paz en las condiciones que logró imponerle la oligarquía y el ejército a una guerrilla vencida militarmente y sólo sustentada en el apoyo de la cooperación internacional. Ese condicionamiento fue decisivo en lograr una paz en la que la guerrilla se comprometió a no jugar un papel relevante como partido político, compromiso que ha cumplido meticulosamente y a cabalidad hasta la fecha.

Sin más programa político que su eslogan “Mano dura”, el general contrainsurgente promete aniquilar a las maras y al crimen organizado sin más arma que su “carácter”, su entrecejo fruncido, una gestualidad de mal fingida agresividad y una voz demasiado meliflua para su propia conveniencia.

Giammatei, el tercero

Después de un gobierno empresarial que no sólo avaló una millonaria estafa a inversionistas en bancos controlados por oligarcas, sino que además impulsó la “limpieza social” como piadosa “obra del Señor”, por medio del ministerio de gobernación y la dirección de la Policía Nacional Civil, el partido en el poder, la Gran Alianza Nacional (GANA), ha lanzado a su candidato presidencial, Alejandro Giammatei, conocido por haber estado expuesto a la planificada cobertura mediática durante el reciente asalto al presidio de Pavón, en el que efectivos de las fuerzas de seguridad realizaron un operativo de cerco y aniquilamiento, asesinando a varios delincuentes y violando así las leyes vigentes, aunque contando con el beneplácito de la ciudadanía, acosada por la inseguridad que asuela las calles.

Sin más argumentos que “Llevar a Guatemala hacia arriba” y “Que Dios bendiga a Guatemala”, este criollo autoritario, simple, y de ideas tan cortas como sus palabras, es el candidato oficialista para las elecciones del 9 de septiembre próximo, y representa el continuismo de un gobierno que intentó privatizar la educación pública y que se topó con un vigoroso movimiento magisterial con el que hasta la fecha mantiene una conflictividad explosiva.

Además, es un gobierno sobre el que también pesa el reciente asesinato de los tres diputados salvadoreños al PARLACEN y del chofer de éstos. Giammatei recibe el tercer lugar en la intención de voto por parte de las encuestas.

Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz, actual candidata presidencial por el partido Encuetro por Guatemala

Rigoberta Menchú, la cuarta

El cuarto lugar lo ocupa la candidatura de Rigoberta Menchú, quien se está valiendo del partido que la diputada y activista Nineth Montenegro logró construir con paciente esfuerzo, y sobre cuya estructura Menchú incrustó a un grupo “maya” llamado Winak, de factura coyuntural e instantánea.

Sobre ese grupo, la misma Menchú ha dicho que constituye el núcleo para formar un partido exclusiva y excluyentemente “maya” después de competir en esta elección con Encuentro por Guatemala (EG), el partido de Montenegro.

La alharaca mediática que significó la candidatura de Menchú, “por ser mujer e indígena”, se ha visto disminuida por la rotunda negativa a apoyar su candidatura presidencial, por parte de la Cumbre de pueblos y nacionalidades indígenas de América Latina, recientemente realizada en Guatemala.

Ese cónclave propuso a Evo Morales como candidato al premio Nobel de la paz, un claro mensaje simbólico cuya versión explícita fue la declaración de los participantes en la Cumbre, respecto de que Menchú representa intereses neoliberales y oligárquicos, y no los de los pueblos indígenas.

Esa afirmación, y otras similares que han expresado dirigente indígenas guatemaltecos, se deben a que Menchú ha venido trabajando para el actual gobierno oligárquico y neoliberal en calidad de Embajadora de buena voluntad por los acuerdos de paz, un puesto creado para ella con la intención de que la cooperación internacional no interfiriera sino que colaborara con los planes estratégicos de la oligarquía en el poder. Dichos planes tienen que ver con la privatización de la educación, la salud y otros servicios públicos.

Asimismo, Menchú ha sido cuestionada por su súbita conversión en socia de Víctor González Torres, dueño de la cadena de Farmacias Similares, de México, firma de la que ella es impulsora y franquiciataria en Centroamérica. En consecuencia, las izquierdas ven ahora a Menchú como una candidata de la derecha, porque además es cosa sabida que parte del financiamiento que tiene Nineth Montenegro para su partido proviene de Dionisio Gutiérrez, propietario de la empresa Pollo Campero y uno de los oligarcas de más tozuda ideología neoliberal y con más poder económico en América Latina.

El resto

La oligarquía, sin embargo, financia a todos los partidos políticos. De modo que la miríada de candidatos sin posibilidades de ganar pero que permanecen en la contienda, seguirán buscando espacios pequeños de poder mediante alianzas con los ganadores.

Entre los numerosos candidatos sin esperanzas de ganar se encuentra Miguel Ángel Sandoval, de la URNG, el derechista Fritz García-Gallont, los centristas Manuel Conde, Francisco Arredondo, Vinicio Cerezo hijo, Luis Rabbé (candidato de Ríos Montt) y otros más.

En vista de que las encuestas indican que lo más probable es que Colom pase a segunda vuelta, ya sea contra Pérez Molina o contra Giammatei, las expectativas de alcanzar cuotas de poder mediante alianzas y traiciones de conveniencia inmediatista están a la orden del día entre los tiburones y las sardinas, de quienes se esperan intercambios de violencia durante esta turbulenta campaña cuyo desenlace está todavía muy lejos de vislumbrarse.

A la fecha, ningún candidato ha presentado un proyecto de gobierno ni mucho menos un plan de desarrollo económico ni de reorganización del Estado que pueda prefigurar una nación moderna a corto, mediano y largo plazo. Por lo cual, la ciudadanía consciente entrevé que la presente elección dará lugar a otro gobierno en el que las influencias del narcotráfico y del crimen organizado, que también financian varias de las actuales candidaturas, seguirá marcándole el paso al torpe poder oligárquico, con su saldo de violencia, ingobernabilidad, corrupción y pertinaz atraso estructural. (Ciudad de Guatemala, mayo del 2007).

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