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A fuego lento
Pasmosa originalidad
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 8 de agosto de 2007

Hace unos días, mientras daba una clase sobre la revolución mexicana en un aula del TEC de Monterrey en Querétaro, mis estudiantes y yo especulábamos sobre si se podría hablar de razones "étnicas" para explicar en parte la eliminación física de Villa y Zapata. Si así fuera, se podría concluir que la vertiente popular indígena y mestiza de la revolución habría sido neutralizada por la vertiente elitista criolla, representada por Madero (contra quien se sublevaron los líderes populares), Victoriano Huerta (su asesino) y Venustiano Carranza (que acabó por derrotar a Villa), así como por quienes los siguieron en el poder de la institucionalidad revolucionaria. Esto supondría que los criollos se habrían asegurado el control de la revolución eliminando a sus dirigentes populares, quienes sirvieron a la elite criolla como iconos sagrados de la propaganda populista y del imaginario nacionalista que caracterizó a México hasta que Salinas de Gortari sumió al país en la depauperación ciudadana observable en las calles y que ya produce explosiones populares en Oaxaca, Querétaro y otros lugares.

Saliendo de una sala de boliches de la Colonia Polanco en el Distrito Federal, conversaba yo el domingo pasado con mis amigos, el médico guatemalteco Otto Hernández García y su esposa Patty, sobre la visible degradación de las capas medias urbanas en la ciudad de México, y sobre el surgimiento de grupos armados cuya acción militar sobrepasa el simulacro que ponen en escena Marcos y sus lacandones.

Debido a que tanto Otto como yo venimos de una experiencia insurgente y ambos conocimos el México ejemplar de los mejores años de su Estado benefactor, aquella conversación nos llevó indefectiblemente a la machacante terquedad neoliberal de la vanguardia ilustrada de la oligarquía guatemalteca, de recetarle a los lectores de las páginas de opinión las tres ideas que pueblan sus apuntes de pregrado y que suelen presentar como resultado de sesudas reflexiones originales cuando espetan frases como: "He llegado a la conclusión de que no tengo ideología política sino que opto por las aspiraciones de toda persona libre" (refiriéndose a la desregulación del mercado), o bien "opino que lo que necesita el país es que el Estado no se meta en lo que no le incumbe, como en la salud y la educación" (para justificar las olas privatizadoras).

Estas adocenadas ideotas, mil veces repetidas por mentores y loritos neoliberales, sirven para que esa comunidad de estudiantes de grado "ilustre" a la ciudadanía sobre que la solución política para nuestro país consiste en desregular el mercado, destruir el Estado y privatizar lo público. Todo, a contrapelo de lo que ocurrió en México y Argentina (para no ir muy lejos) por haber aplicado estas mismas medidas, y poniendo de ejemplo a Chile, aunque cuidándose de decir que la base del "milagro chileno" (que mantiene a amplias masas sumidas en la pobreza) la sentó la dictadura militar imponiendo esas medidas, las cuales hoy hacen que familias como los Matte, Angellini y Luksic se apropien del 80 por ciento del PIB. Tampoco hablan de la irrestricta entrega al capital transnacional del que la oligarquía se hizo socia minoritaria, y mucho menos de que la condición del "despegue" neoliberal chileno fue el fascismo.

La oligarquía guatemalteca es criolla. Sus empleados neoliberales no tienen pedigrí colonial. Pero la sirven bien voceando que hay que modernizarnos al estilo de Salinas en México y de Pinochet en Chile. Pasmosa originalidad.

Ciudad de México, 6 de agosto del 2007.

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