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A fuego lento
Adolfo Sánchez Vázquez: el olvidado del 27
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 18 de agosto de 2007

Era el año 1971. Dos amigos guatemaltecos, David Pinto y Olmedo España, me invitaron a asistir a un congreso centroamericano de filosofía en la Universidad Nacional de Costa Rica. Allí conocí a Adolfo Sánchez Vázquez, estreché su mano y le pedí que me autografiara su libro Filosofía de la praxis, que había sido publicado en 1967 en México. Recuerdo todavía su sonrisa mientras me lo firmaba. Luego, lo escuché hablar sobre una dimensión del marxismo que yo todavía no alcanzaba a aprehender, inmerso como estaba en una veinteañera militancia de izquierda guerrillera que no me dejaba tiempo sino para vivir la emoción de su propio vértigo. Con los años aprendí a valorar la reflexión de este filósofo español, su lúcida interpretación de los clásicos del materialismo histórico y su incursión en las posibilidades de una estética marxista que implicara una crítica del "realismo socialista", del "compromiso" y de toda creación artística programada.

En mayo pasado, otro amigo guatemalteco, Mario Palomo, me obsequió la Poesía de Adolfo Sánchez Vázquez, un libro editado por el Fondo de Cultura Económica de México y por el Centro Cultural de la Generación del 27, de Málaga, en el año 2005. Este libro contiene toda la producción poética del autor y está divido en tres partes: "Poesía en vela (1933-1936)", "Poesía en guerra (1936-1938)" y "Poesía en exilio (1940-1954)", las cuales, como es obvio, abarcan su experiencia durante la Segunda República española, durante la Guerra Civil, y durante su exilio en México.

Inscrita en las coordenadas que ocupaban a los poetas de su generación, es decir, el rescate de las formas tradicionales y populares de la poesía española, así como la incorporación de las direcciones vanguardistas (en especial la del surrealismo) a la interpretación de lo popular-local, esta poesía recorre todos los lugares temáticos y estéticos que la crítica adjudica a la Generación del 27, de modo que en ella encontramos romances, sonetos y versos libres con audaces imaginerías vanguardistas, así como poemas en los que la naturaleza sirve como símbolo de ideas y aspiraciones libertarias (al estilo de Antonio Machado), y versos de trinchera (el autor participó en la batalla de Teruel y estuvo en el frente del Ebro) a lo Miguel Hernández.

Como se sabe, Sánchez Vázquez forma parte del ilustre exilio español que renovó la cultura mexicana (e hispanoamericana) gracias a la acogida que les dio a los antifascistas peninsulares el entonces presidente mexicano Lázaro Cárdenas. Los años 40 fueron en México un crisol en el que coincidieron también los exiliados guatemaltecos de la truncada revolución democrática de 1944, de cuyo aporte a la cultura mexicana son emblemas innegables Luis Cardoza y Aragón (intérprete literario del muralismo mexicano y poeta vanguardista) y Carlos Mérida (intérprete pictórico de lo popular hispanoamericano en claves de vanguardia). Ellos y otros más convivieron con personajes locales como Frida Kahlo y José Vasconcelos, y con extranjeros como André Breton y León Trotski. De hecho, la última aparición pública de Frida Kahlo (en silla de ruedas) fue en una manifestación contra la intervención estadounidense en Guatemala, en 1954. El mismo Cardoza nos rinde entusiasta cuenta de esta efervescencia cultural mexicana en su libro El río. Novelas de caballería, en la que los exiliados españoles tuvieron un protagonismo intelectual de primer orden.

Después de leer la Poesía de Sánchez Vázquez resulta evidente que el cuadro de la Generación del 27 no estaría completo sin él. Lo digo porque se lo suele excluir clasificándolo como filósofo y académico u omitiendo de plano su nombre. Sus relaciones amistosas con Miguel Hernández, Rafael Alberti, Maria Teresa León y, sobre todo, con Emilio Prados explican en parte la similitud temática, estética e ideológica que tiene con sus pares en esos convulsos años de ilusiones republicanas y de amarga frustración ante la bestial ofensiva del fascismo en Europa.

Un intelectual inclaudicable que publica su producción poética, en gran parte inédita, al cumplir noventa años de edad (el autor nació en Algeciras el 17 de septiembre de 1915), constituye un testimonio vivo de la heroica lucha española de la primera mitad del siglo XX. Una lucha que no debe ser olvidada ni tergiversada en estos tiempos de culto a la banalidad y al hedonismo consumistas. Por ello pienso que todo lo dicho constituye un conjunto de razones más que suficiente para incursionar en Adolfo Sánchez Vázquez, el poeta olvidado del 27. Las sorpresas serán muchas y muy intensas.

Ciudad de Guatemala, 16 de agosto del 2007.

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