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A fuego lento
Variaciones sobre multi e interculturalismo
Por Mario Roberto Morales - Guatemala,5 de septiembre de 2007

Es necesario que cuaje en la ciudadanía la idea de que la multiculturalidad es la realidad social que implica la coexistencia –violenta o pacífica, justa o injusta- de dos o más culturas o énfasis culturales; y que la interculturalidad es el movimiento de esa multiculturalidad, es decir, el conjunto de sus relaciones, conflictivas o no. No todas las multiculturalidades son iguales. En España, por ejemplo, hay una multiculturalidad cuya interculturalidad es conflictiva al extremo de que los métodos de lucha de algunos nacionalistas vascos implican el terrorismo, mientras que otros nacionalistas, como los catalanes y los gallegos, tienen otras formas, mucho menos agresivas, de preservar sus lenguas, identidades y énfasis culturales frente a la hegemonía castellana.

En Guatemala, nuestra multiculturalidad acusa una interculturalidad igualmente conflictiva pero distinta, marcada por la injusticia sistemática que los españoles primero, los criollos después y, finalmente, los ladinos han ejercido sobre los grupos sociales indígenas. Cuando los españoles llegaron a América , España era el país más mestizado de Europa y quizás por eso los llamados conquistadores se mestizaron rápidamente con sus contrapartes indígenas, cosa que no hicieron otros colonizadores como los ingleses y franceses en África, por ejemplo. Este hecho originó a las sociedades latinoamericanas como sociedades y países mestizos, con énfasis culturales del lado europeo y del lado indígena. Es decir, como comunidades de mestizos con énfasis culturales en los cuales se atrincheraban unos enfrentándose a los otros, remitiendo sus identidades a polaridades a las que ya no tenían acceso. Así se llega a la época de la Independencia y la Revolución Liberal, y, en ese proceso, los ladinos hegemonizan la creación y fundación de la nación que conocemos, con todos sus defectos, exclusiones e injusticias. Es decir, esta nación multicultural con una interculturalidad injusta a la que le ha llegado la hora de democratizarse.

Para democratizar nuestra interculturalidad tenemos que enarbolar principios interculturalistas basados en la infinidad de formas como se articulan las diferencias culturales que existen entre indígenas y ladinos. Esta vía es más expedita que la de los principios multiculturalistas, que magnifican las diferencias y las enfatizan y enfrentan entre sí violentamente, arguyendo que el ladino es el enemigo y el causante de todos los males indígenas. Esta idea presupone que el problema principal de Guatemala es entre indígenas y ladinos y no entrericos y pobres. Los criterios interculturales enfatizan la articulación de las diferencias y no su magnificación, para buscar consensos que construyan una nueva hegemonía interétnica y evitar así la mera sustitución de la hegemonía ladina por la indígena o “maya”, ya que eso sólo implica darle vuelta a la tortilla del autoritarismo.

Entonces, se trata de enarbolar el interculturalismo y no el multiculturalismo, lo cual no implica abrazar la interculturalidad y negar la multiculturalidad, ya que ésta es la diversidad cultural y aquélla es su movimiento relacional, y no puede existir una sin la otra. Pero el multiculturalismo y el interculturalismo sí se oponen como políticas culturales y de lucha identitaria porque aquél divide, y éste une y pugna por la unidad justa de nuestra diversidad. Una diversidad que, como todas las diversidades, merece estar unida y en paz .

Guatemala, 28 de julio del 2000.

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