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Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 4 - 2007

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A fuego lento
Círculo ampliado
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 22 de septiembre de 2007

Ahora que te mueves para dejarte ir ya no me importa; pero hace unos momentos, cuando te subiste encima de mí, entrecerraste los ojos al sentirme adentro y doblaste la cintura para besarme, no podía yo dejar de pensar en lo que piensa tu marido cuando está en la misma situación que yo, y tú -como lo hiciste conmigo hace un rato- le cuentas que me habrás de decir a mí también que ya te hace falta un amorcito ocasional para no aburrirte.

Yo no sé si él te imagina sentada sobre mí -como estás ahora, moviéndote sin parar- y trata de imaginarse lo que vivo y siento contigo como yo trato de hacerlo cuando te imagino con él. De lo que estoy seguro es de que su sorpresa debió de ser tan grande como la mía cuando le dijiste que ese nuevo amorcito debía ser alguien que pudiera ofrecerte más ternura y que supiera manejar tu cuerpo mejor que nosotros dos. Porque, hombre, cómo habríamos él o yo podido imaginarlo, si la mosquita muerta de Adriana nos ha pasado inadvertida a los dos, siempre allí, tomando el dictado que le hace tu marido o trayéndome a mí la taza de café.

Por eso, ahora que me aferro a tu cintura para irme contigo en esta ceguera de jadeos y sudores, no puedo sino pensar en cómo habremos tu marido y yo de mirar a Adriana cuando, por la mañana y detrás de sus anteojotes de plástico, nos dé los buenos días y nosotros nos dispongamos a iniciar una jornada de trabajo pensando, yo, en que habrás de verme porque es lunes, y él, en que al día siguiente no habrás de llegar a dormir y en que cualquier noche de éstas la llevas a cenar a la casa. Ufff. Tu sonrisa y tu gesto de apartar la almohada para caer redonda sobre la cama, sonriendo y estirando tus brazos hacia arriba, y permitiendo así que tus senos se dibujen perfectos contra la luz de la ventana, me hacen reír a mí también y no puedo sino pensar en la condenada mosquita muerta de Adriana y en cuánto tiempo habrá de integrar este círculo erótico que tú te empeñas en ampliar y en volver a cerrar cada vez que te llega el aburrimiento.

Marzo de 1994.

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