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El Mercado y la verdad neoliberal
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 21 de noviembre de 2007

El movimiento de lo concreto es el movimiento de lo real, sensible. Y es distinto del movimiento del discurso. La lógica formal es una lógica del discurso. Las tautologías, los silogismos, etc., son mecanismos lingüísticos válidos para determinar la corrección o incorrección de los postulados verbales lógicos, pero exclusivamente dentro del discurso lógico.

Es por ello un error extrapolar la lógica formal de su campo de operatividad y aplicarla al movimiento de lo concreto, de lo social, de lo material, y dar por sentado que si una frase no responde a la corrección lógico-formal, tampoco corresponde a la veracidad factual, concreta, social. Esta es la manera de “argumentar” de los neoliberales, amparados en el neopositivismo lógico. Por eso, siempre enarbolan una lógica bipolar de corrección-incorrección lógico-formal, y de ello extraen nociones de veracidad y falsedad, razón y necedad en la esfera de lo social, lo político y lo económico. Y quien no entra en esa esfera, está errado. Como resulta evidente, así, es imposible el diálogo. No digamos el debate de ideas. El debate de ideas sirve para solucionar problemas conjuntamente, no para ver quién gana demostrando que el otro está errado. Eso equivale a confundirlo con la justa deportiva o el combate militar. El debate de ideas debe ser una colaboración. Si no, se agota en una forma de autoritarismo censurador.

Al razonar aplicando el formalismo lógico al análisis de la dinámica social, económica y política, el discurso neoliberal desemboca irremediablemente en la sofística, cuya base es la lógica formal y cuyo objetivo es manipular el discurso. Pero como la lógica formal no puede manipular lo concreto, que es el referente último de lo que se puede llamar cierto, pretende embutirlo en la camisa de fuerza de lo formal mediante la demagogia. El criterio de verdad ha sido siempre lo concreto. No el discurso ni la lógica interna del discurso.

Esta dislocación cognoscitiva es la que lleva a los neoliberales a confundir la noción de market con la de marketplace. La segunda denota un lugar neutro de intercambio. Pero Mercado, mejor si con mayúscula, es, como la noción de Capital, una categoría dialéctica que denota “una relación social”, en el sentido de que anima una forma de relaciones humanas basada únicamente en la lógica del marketplace o del intercambio de mercancías y servicios por dinero. El Mercado, como cultura, como ideología, como conjunto de nociones mediante las que las personas se relacionan entre sí, se convierte, en manos de los neoliberales, en una ética, en una moral, en una visión de mundo a la que el neoliberalismo reduce todo: la libertad, la política, el individualismo, etc., buscando a la fuerza que la lógica del marketplace rija la totalidad de la vida humana.

El neoliberalismo absolutiza de tal manera al marketplace que lo deshistoriza y lo hace remontarse a milenios hacia atrás y hacia delante como ley fatal que le da sentido a la existencia. De ahí la parodia de Mario Palomo sobre que los neoliberales padecen “el síndrome de los Picapiedras y los Supersónicos”, es decir, de suponer que el consumismo es el propósito de la vida, desde las cavernas hasta la era espacial.

Para los neoliberales, quien no conciba al Mercado sólo como marketplace (su aspecto meramente mecánico) sino como una ideología que rige relaciones sociales, “está equivocado”, “necesita ilustrarse” y no sabe “la verdad”. Esa que resulta de aplicar neciamente la lógica formal al movimiento de lo
concreto.

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