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Las ilusiones neoliberales
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 5 de diciembre de 2007

Los neoliberales se hacen por lo menos seis ilusiones inútiles. Una, es que imaginan diferenciarse de los mercantilistas solo porque afirman abogar por la libertad de empresa sin intervención del Estado, aunque en la práctica copen las dependencias estatales no solo para financiar empresas privadas con fondos públicos, sino también para gestionar y apropiarse de dineros de la cooperación internacional.

Y esto no solo ocurre en el subdesarrollo. Allí están los neoliberales republicanos estadounidenses, quienes desde el Estado promueven mercados como el de la venta de armamento, a fin de hacer crecer, mediante el impulso de guerras, industrias de su propiedad, como la energética, la bélica y la de la construcción.

También creen que son antioligárquicos, cuando la evidencia indica que en países en los que el mercado está controlado por oligarquías monopolistas, que impiden la libre competencia asfixiando con violencia a la pequeña y mediana empresa, su teoría de la libertad de mercado se vuelca siempre a favor de aquellas y en contra del surgimiento y desarrollo de nuevos empresarios medianos y pequeños.

Otra ilusión vana que se hacen los neoliberales es que son libertarios, porque en teoría afirman que la libertad de mercado (intercambiar bienes y servicios por dinero) constituye el elemento esencial que nos diferencia de otras especies animales, y que si este intercambio se regula de alguna manera, se atenta contra la esencia libertaria de la persona. Sin embargo, en la práctica, entienden por libertad el que los capitales ya constituidos se expandan más y solo salpiquen a los de abajo “libremente”. Su inicial salto de un mero mecanismo de intercambio hasta las alturas de la ética y la moral es, pues, mucho más que olímpico. Es, también, ilusorio; y además no toma en cuenta la libertad de no concebir la vida desde una filosofía de mercader.

Pero la más ambiciosa de las ilusiones de los neoliberales es la de creer que son liberales; porque, aunque en teoría propugnen por la igualdad de oportunidades y la libre competencia, en la práctica son evidentemente un activo ejército de legitimadores del poder oligárquico; ese que no solo impide que el ideario liberal se ponga en práctica, sino que reprime a quienes lo intentan asumir, a saber, los pequeños y medianos empresarios, a los que las oligarquías hacen quebrar mediante prácticas monopolistas que van desde el veto a las nuevas empresas desde el Estado, hasta las amenazas de muerte y las balas de los escuadrones de la muerte a su servicio. Todo esto, en nombre de la libre empresa y la libertad individual, y en contra de totalitarismos fantasmas como los “socialismos” con los que asustan a sus incultas y despolitizadas proles.

Hay otra ilusión, triste por cierto, que se hacen los neoliberales, en especial los tercermundistas: la de que son intelectuales cultos y hasta académicos; cuando la evidencia señala que no pasan de repetir con disciplina castrense sus apuntes de pregrado, como loritos entrenados que de pronto se convierten en feroces perros de presa de sus desvelados mentores y de sus amargadas ideas anticomunistas.

Muchos neoliberales también se hacen la ilusión de que son empresarios, mientras lo obvio es que no pasan de ser clasemedieros asalariados al servicio de los oligarcas que invierten en la educación neoliberal; esa que se agota en formar cuadros técnicos para los TLC.

Como se puede ver, no solo de pan viven los neoliberales. También viven de ilusiones. De muchas y variadas ilusiones.

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