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El replanteamiento neoliberal de la utopía capitalista
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 12 de diciembre de 2007

En la introducción a su libro La era del capital 1848-1875, el historiador inglés Eric Hobsbawm recuerda que la palabra "capitalismo" empezó a usarse en la década de 1860, y que su generalización implicó "el triunfo de una sociedad que creía que el desarrollo económico radicaba en la empresa privada competitiva y en el éxito de comprarlo todo en el mercado más barato (incluida la mano de obra) para venderlo luego en el más caro. Se consideraba que una economía de tal fundamento, y por lo mismo descansando de modo natural en las sólidas bases de una burguesía compuesta de aquellos a quienes la energía, el mérito y la inteligencia habían aupado y mantenido en su actual posición, no sólo crearía un mudo de abundancia convenientemente distribuida, sino de ilustración, razonamiento y oportunidad humana siempre crecientes, un progreso de las ciencias y las artes, en resumen: un mundo de continuo y acelerado avance material y moral. Los pocos obstáculos que permanecieran en el camino del claro desarrollo de la empresa privada serían barridos".

Sin duda, el camino de la libre competencia, cuyo fundamento moral lo constituía la igualdad de oportunidades (no de logros), también llamada justicia social, se perfilaba en el horizonte social como una utopía liberal, que llevaría a la prosperidad de toda la sociedad mediante el surgimiento libre e indiscriminado de cada vez más empresarios compitiendo, amparados bajo las reglas claras de una legislación y una fuerza estatal reguladora de la justicia social.

El camino hacia esta utopía llevó sin embargo a la concentración de capitales y a las prácticas monopolistas, dando como resultado la asfixia de la libre empresa y la prosperidad de los monopolios y las oligarquías. Lo cual, a su vez, se internacionalizó mediante la exportación de capitales que consolidaron oligopolios globales que hoy día usurpan las funciones de los Estados y sustituyen la soberanía política con los intereses privados transnacionales. A esta deformación de la original utopía liberal se le ha llamado "capitalismo salvaje" porque niega la libre competencia y la justicia social. También se le llama neoliberalismo.

Esta deformación de la utopía capitalista necesitó de un replanteamiento "teórico" por parte del empresariado oligárquico global para que pudiera ser abrazado por sus réplicas locales o nacionales, justificando así la opresión del capital con los mismos conceptos libertarios que, imbuidos de la moral derivada de la igualdad de oportunidades, habían animado la utopía liberal, a saber, libertad individual, propiedad privada y otros. Este reajuste a la teoría de la prosperidad capitalista estuvo a cargo de economistas pagados por grupos de presión intelectuales, fundaciones y universidades de grandes consorcios del empresariado monopolista transnacional. Y los más conspicuos de ellos fueron Ludwig Von Mises, Friedrich Hayek y Milton Friedman, entre otros.

Su reajuste "teórico" consistió en adecuar conceptos como "libertad de empresa" (que en sí mismo se opone a las prácticas monopolistas) al libertinaje de los mercantilismos y los oligopolios (que en sí mismos se oponen a la libertad de empresa tal y como la planteó la utopía capitalista). Esta perversa adecuación salvaje del ideario liberal a los intereses del capital monopolista nacional y transnacional es la esencia del neoliberalismo o ideología de la dictadura del empresariado oligárquico, el grupo que constituye el principal obstáculo para el desarrollo de la libertad de mercado.

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