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Sujeto crítico y cambio social
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 20 de enero de 2016
consucultura@intelnet.net.gt

Ser crítico es ser capaz de ejercer el criterio.

Un individuo con conciencia crítica es capaz de conocer la causa estructural de los problemas sociales, económicos y políticos que no lo dejan realizarse como individuo. Esta conciencia se adquiere estudiando y actuando en el mundo cotidiano, y requiere de conocimiento letrado y de práctica política. Quien busque formular y dirigir cambios para la realización social necesita de una conciencia crítica desarrollada que le permita actuar con lucidez y efectividad y que lo blinde contra la posibilidad de ser manipulado. A estas alturas del capitalismo corporativo transnacional —con su lógica cultural posmodernista— los posibles actores del cambio son plurales, heterogéneos y no-letrados, y su obligado (por necesario) denominador común es un mínimo nivel efectivo de conciencia crítica. Es en tal sentido que se dice que el sujeto del cambio necesita ser culto. Al menos el sujeto dirigente. Pues sólo así los actores entenderán y adherirán a su dirigencia.

Y, ojo: no se habla de dirigencia culta como de una "vanguardia intelectual del pueblo", sino en el sentido del conocimiento radical (de raíz) que un dirigente necesita tener de su comunidad y su organización, de su fábrica y su sindicato, de su tierra y su liga campesina, de su universidad y su agenda estudiantil, de su partido y sus afiliados. Una dirigencia que exprese lo que Gramsci llamó "interés nacional", es decir, el conjunto de los intereses de cada sector, clase, etnia y grupo social, los cuales las dirigencias necesitan conocer para organizar, movilizar y efectuar el cambio político. Las dirigencias necesitan, pues, ser tan diversas como el pueblo que clama por el cambio. Es en tal sentido que se dice que el sujeto del cambio es plural y heterogéneo, y que necesita ser culto.

Según el liberalismo, el sujeto democrático del cambio gradual es el ciudadano: un individuo educado por un sistema laico, gratuito y obligatorio que lo ha versado en civismo. Este sujeto democrático burgués no llegó nunca a ser colectivo en países en los que la modernidad tampoco acabó de llegar. Por eso fue el propuesto por la Revolución del 44, la cual intentó ser modernizadora. Pero hoy vivimos en la era del capital corporativo transnacional y de la hegemonía mediática posmoderna, los cuales han creado un masivo sujeto light que es el que necesita desarrollar conciencia crítica para poder ser sujeto y actor del cambio, pues sin esa conciencia no pasa de ser un ente manipulado por la publicidad y el mercadeo, condenado a consumir en un mundo-mol en el que los cambios están tan controlados como su mente inmovilizada por la entretención banal.

Ser —hoy— un sujeto culto, educado y crítico (con conciencia histórica y radical) no equivale pues a ser un ciudadano letrado, liberal y burgués del siglo XIX y XX. Porque aunque la actual ignorancia de las masas ¡y de las élites! invita a un sano rescate crítico de algunas conquistas de la Ilustración —tal como lo hicieron los renacentistas con ciertos logros de la cultura grecolatina ante la barbarie medieval—, la necesidad de que el actual sujeto y —en lo posible— los actores del cambio sean cultos, educados y críticos no equivale a un rezago liberal ni a un retroceso ilustrado, sino al hecho de que el conocimiento crítico es el arma básica en contra del ideal neoliberal de educar élites oligárquicas para que gobiernen y de adiestrar a masas para que ejecuten oficios y mueran de entretención.

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