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Sujeto crítico y cambio social (3)
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 3 de febrero de 2016
consucultura@intelnet.net.gt

Ser crítico es ser capaz de ejercer el criterio.

La democracia liberal quedó como asignatura pendiente en América Latina, y por ello el sujeto democrático sigue siendo un anhelo social. Ahora, empero, el neoliberalismo sueña con pueblos adiestrados ya no para alcanzar capitalismos nacionales relativamente autónomos, sino para crear mano de obra calificada para las corporaciones de la globalización. El concepto y la práctica de la educación también cambiaron con la fase transnacional-corporativa del capitalismo y con su lógica cultural, el posmodernismo, pues éste se asienta en la hegemonía de la lógica del capital, la cual consiste en ampliar los márgenes de lucro de los capitalistas mediante el consumismo de las masas, propuesto como el ideal de felicidad de un individuo ignaro y narcisista que halla su espacio de realización en el mol y en el anonimato de la comunicación interconectada. Por eso, la educación posmoderna se ofrece como un juego banal y no como el desarrollo de la conciencia crítica, que fue el ideal del liberalismo clásico y luego del marxismo (para superar al liberalismo).

Es obvio pues que, aunque el sujeto democrático liberal siga siendo aquí un anhelo colectivo, el sujeto del cambio ya no puede ser ese mismo sujeto democrático de antes, ya que la forma de acumulación capitalista global cambió, creando con ese cambio un nuevo sujeto y actor light del hecho social. Esto empero no anula —sino impone— la necesidad de que este sujeto sea educado, culto y crítico, por su propio interés, ya que necesita tener plena conciencia de que no es ciudadano y de que el sistema le niega la educación y los servicios públicos. Este argumento sirve además para desmantelar la "razón neoliberal" con la que la derecha combate el cambio social democrático tachándolo de "socialista", pues —tácticamente— no se trata de luchar por el socialismo, sino por la democratización del capitalismo en su fase globalizada. O sea, "otra globalización es posible" con un sujeto del cambio interclasista, intercultural, intergeneracional e intersexual (valga el prefijo "inter" como sinónimo de relacional), el cual necesita ser crítico para tornarse sujeto de una futura democracia pos-neoliberal.

En tal sentido, denunciar el intelicidio —que quiere decir el asesinato de la inteligencia por el consumo compulsivo y perenne del discurso audiovisual banalizado que mata la capacidad de leer y de entender lo que se lee— como inmovilizador del sujeto del cambio y como productor del sujeto light, narcisista e interconectado, no equivale a proponer como alternativa el viejo modelo del intelectual ilustrado —burgués y ciudadano pleno—, letrado y eurocéntrico, como lo hace Vargas Llosa en un reciente libro suyo que es una tergiversada repetición de algunas tesis del clásico de Guy Debord, La sociedad del espectáculo. A lo que sí equivale es a proponer intelectuales orgánicos con su pueblo, que participen en la vida pública y que —por sobre todas las cosas— libren la lucha ideológica por la hegemonía popular y cualifiquen actores para el cambio social. Como parte de sus tareas, estos sujetos necesitan asumir la crítica del posmodernismo y de uno de sus emblemas publicitarios: aquel que lo equipara con la "total democratización de la comunicación" —uno de los confites que el sistema le da chupar a las interconectadas masas malheridas por el intelicidio—, pues el sujeto light necesita dejar de serlo para volverse actor y sujeto del cambio social.

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