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¿Qué hacer en este protectorado?
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 16 de marzo de 2015
consucultura@intelnet.net.gt

Para qué reprochar a los traidores. Hay que dialogar con los procónsules.

La progresía, las izquierdas y derechas dizque pragmáticas y la ciudadanía conservadora ——casi toda la fuerza pensante del país— acepta que es una bendición de Dios que —en vista de que nuestras corruptas élites oligárquicas son incapaces de gobernarnos— sean los Estados Unidos quienes se encarguen de eso, además de lo que ya tenían a su cargo: la dirección de la economía, de la política, de las fuerzas armadas, de la ideología y de los poderes fácticos. Entonces —preguntaría cualquiera con dos dedos de frente—, ¿cómo está eso de que ahora nos van a gobernar si ya lo hacen? La respuesta es que de hoy en adelante ese gobernanza será pública y masivamente aceptada, como corresponde a todo buen protectorado.

Ahora, las orientaciones para el buen gobierno de la colonia las dará de manera abierta el procónsul de turno o cualquiera de sus superiores. Y como prevalecen los criterios de la realpolitik y del pragmatismo dizque patriótico, esto será visto de buen grado por la masa conservadora, por la clase política corrupta —que lo sigue siendo a pesar de la puesta en escena de la “renovación” de la justicia al ritmo del CICIG-beat—, por la oligarquía, por la ultraderecha libertaria, por la oficialidad del ejército que no forma parte de los impresentables y no-gratos para la metrópoli, por los oenegeros progres y biempensantes (de todas las etnias, sexos y sabores) y por esa legión de ex guerrilleros convertidos a la religión de su enemigo: el fascismo. En otras palabras, las mayorías perdimos la lucha por la hegemonía para el resto del siglo XXI.

He aquí la luminosa era del Plan para la Prosperidad del Triángulo Norte, instaurado como nuevo orden político gracias a la revolución de color orquestada desde fuera para darle legitimación “ciudadana” al golpe de Estado blando que le permitió a la potencia que ahora nos protege de nosotros mismos, hacer el recambio de personal estatal que nos transformó de fallida república democrática en feliz protectorado que duerme bajo el ala del ave que con sus garras y su pico nos defenderá de todos los males que aquejan al mundo, oh. ¿Qué más puede pedir un ex país incapaz de gobernarse a sí mismo y no digamos de forjar una oposición que dé al traste con el orden oligárquico y democratice el capitalismo en la medida en que eso sea posible? Así razona el oportunismo “pragmático”. No queda sino vendernos y que otros piensen y actúen por nosotros: renunciar al propio criterio, ceder nuestros derechos y aceptar los de otros. Aunque esto implique no llegar a ser jamás nosotros mismos y traicionar el legado de Arbenz, Turcios y Colom Argueta.

¿Para qué reprocharles su traición a los traidores? Lo que procede ahora es forjar una fuerza social y política capaz de dialogar digna y enérgicamente con los procónsules del protectorado. Adiós a los sueños de autonomía, libertad, soberanía y democracia. Situémonos en lo concreto. Y lo concreto es que hemos pasado a ser una provincia cuyo gobernador encarna el poder con que las fuerzas políticas dignas de este ex país tendrán que dialogar. Formemos esta fuerza. Reunamos a todos los intelectuales orgánicos que tenemos y a las bases populares que hemos conseguido amasar, y forjemos un consenso en cuanto a reivindicar —no el nacionalismo de melodrama, sino— el derecho a la autodeterminación soberana de los pueblos y a la lucha por llevar a la práctica —mediante la organización política— la idea de que otra globalización es posible.

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