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Panamá papers y el triángulo norte
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 6 de abril de 2015
consucultura@intelnet.net.gt

He aquí a la Guatemala que “ya nunca será la misma”

La oligarquía, los neoliberales y los militares genocidas están bramando en contra de la injerencia de Estados Unidos en Guatemala, invocando (ahora sí) los principios de autonomía y soberanía de los Estados y, de seguro, hasta gimiendo a favor del derecho a la autodeterminación de los pueblos. No les gusta que persigan y encarcelen a uno que otro de sus más “probos” empresarios y sus más fieles perros de presa. Pero en esto consiste la táctica de la “lucha contra la corrupción” que EEUU impulsa para limpiar de funcionarios desobedientes a los Gobiernos y para controlar rubros productivos en manos de empresarios cuyos intereses particulares no se alinean con sus planes geopolíticos.

Los Panama Papers expresan una estrategia global de aplicación de la táctica de la “lucha contra la corrupción” para hacer a un lado obstáculos que entorpecen la geopolítica estadounidense en su necesidad de hegemonizar la actual multipolaridad frente a Rusia y China. Y, como parte de esto, limpiar a Guatemala de ciertos empresarios, empresas, políticos y militares impresentables es parte de la creación de condiciones para la ejecución del Plan para la Prosperidad del Triángulo Norte de Centroamérica, el cual implicará la inversión de capital corporativo transnacional en más mineras, más hidroeléctrica y más monocultivos combustibles, de todo lo cual sólo los oligarcas y allegados presentables —y alineados— podrán hacerse socios minoritarios.

Vivimos una era de total subordinación de nuestros Estados a la geopolítica de EEUU. Ante lo cual la oligarquía y los militares también deben pagar un precio, pues sus negocios turbios ya no sirven para la buena imagen de esta nueva y rentable inversión “glocal” en la que ahora entramos “sin corrupción”. De aquí los pataleos de los neoliberales y los berrinches de los fascistas en contra del Embajador y la Embajada en los medios de comunicación. Se han puesto rabiosos porque les están tocando sus más caros intereses, y ante esto no tienen cabida para su inveterado pragmatismo ni para su espesa sangre fría a la hora de privilegiar el lucro por encima del interés humano. Que con su pan se lo coman.

Por todo, no deja de dar un poco de nausea cuando notorios izquierdistas analizan lo que ocurre sugiriendo que EEUU, la CICIG y el MP están haciendo algo parecido a la revolución por la que ellos lucharon encendidos en patrio ardimiento socialista, pues esto equivale a equiparar la “lucha contra la corrupción” y el Plan para la Prosperidad con la democratización estructural y política del país y la región, lo cual es, cuando menos, criminal. Por sus columnas los conoceréis.

Lo cierto es que los soplos de Marllory Chacón parecieron desencadenar —en lo local— la ola de moralismo cristiano que implica “luchar contra la corrupción” haciendo de ésta la causa —y no el efecto— de nuestros problemas económicos y políticos. Y también el golpe de Estado blando y la revolucioncita de color que se escenificó el año pasado con la manipulación de los corazones y las mentes de la mayoría de sinceros indignados.

Y ojo: no se trata de esgrimir nacionalismos de moraleja frente a la supuesta realpolitk del oportunismo de los izquierdistas y derechistas para los que “Guatemala le dio un ejemplo al mundo derrocando a un presidente corrupto” (with a little help from a friend). Se trata sólo de hacer el análisis concreto de la situación concreta. Y no de meter gato por liebre.

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