Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 13 - 2016

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

¿Vamos a un gobierno incorrupto?
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 22 de junio de 2016
consucultura@intelnet.net.gt

“La miseria une a extraños en la cama”.

Shakespeare, La tempestad.

Según parece —y en vista de que Iván Velásquez no es guatemalteco—, el plan para nuestra prosperidad consiste en hacer presidenta a Thelma Aldana mediante un partido integrado por la izquierda rosada, ciertos profesionales de la indignación placera sabatina y algunos miembros de la clica neoliberal mediática afecta a Pro-Reforma. Todos los miembros de esta colorida ensalada política son bien vistos por la cooperación internacional y, claro, por la ONU, que es la instancia que funge aquí como rectora de la política nacional por medio de la CICIG, el instrumento con el que EEUU concretiza sus planes geopolíticos regionales. La izquierda rosada —que no se circunscribe a la socialdemocracia, sino que incluye a una buena porción de la izquierda ex-roja y ex-armada (ahora oenegera y políticamente correcta)— aboga con entusiasmo por el intervencionismo y la injerencia foránea en asuntos internos (argumentando “coincidencia” de intereses guatemaltecos y estadounidenses), mientras que —oh, paradoja— la ultraderecha afectada por los destapes de corrupción patalea contra el intervencionismo en nombre de (cáigase usted de glúteos) la autonomía, la soberanía y la libertad nacionales, o sea, todo lo que ha pisoteado desde 1954 hasta hoy.

Después del “golpe de Estado blando” y de la “revolución de colores”, la “lucha contra la corrupción” transita ahora su fase de limpieza de mesa, a fin de instaurar un gobierno de fachada pluralista y de política económica neoliberal. Es decir, de guante de seda y mano de hierro. Con lo que, de nuevo, Guatemala sirve de “plan piloto para el continente”. Un plan que para ser culminado necesita “legitimarse” con la gente en la calle. Pero no con la gente de la Guatemala profunda (CUC, CODECA, CONIC, CPO, CCDA, CNOC), sino con la alegre troupe placera sabatina, de la que ya forman parte orgánica la izquierda rosada y los neoliberales. Esa misma que acompañará a Aldana en un gobierno “incorrupto” cuyos cuadros ya están siendo colocados en el Estado bajo la cegatona mirada ausente del comediante que ocupa la silla presidencial.

Por todo, a los creyentes en la santísima dualidad (CICIG-MP) y a los placeros de corazón les conviene analizar el sentido estratégico de lo que hacen y no dejarse manipular por el moralismo cristiano. Hay que ir a la plaza, pero a defender nuestro derecho a la autodeterminación, no a ser comparsas de la derecha que no será tocada por la santísima dualidad. A los dirigentes de las organizaciones de la Guatemala profunda, les valdría converger en un esfuerzo político de cambio que represente los intereses de clase de los pobres y miserables, pues ellos son los que sustentan la exigua economía interna y los únicos que, cuando toman la calle, hacen temblar a la oligarquía y a los poderes fácticos. Ustedes sí deben formar un gobierno de cambio (sin tutelajes ningunos), no los neoliberales asociados con esa izquierda que de rosada está pasando a ser caleidoscópica. La gente consciente y consecuente que va a la plaza tendría que converger con la Guatemala profunda para crear un instrumento político no tutelado que nos represente a todos y que funde una economía y un Estado de verdad anti-sistémicos. A los placeros politizados no les conviene prestarse a una farsa que todos habremos de pagar caro. Véanse en el espejo de la Argentina y el Brasil de hoy. Allí se aplicó el mismo guion que aquí en el 2015. Eso nos espera. Actuemos ya.

www.albedrio.org


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.