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Transformismo y revolución pasiva
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 13 de julio de 2016
consucultura@intelnet.net.gt

Otra manera de ver el izquierdoderechismo de los Pink Panthers.

Dice Gramsci que en períodos de crisis y reflujo de los movimientos populares, la clase dominante absorbe a los intelectuales revolucionarios, sobre todo porque, ante la desmoralización por sus derrotas, éstos vuelven a su redil original de clase; ya que, usualmente, se trata de dirigentes (pequeño) burgueses a los que su clase social “no logra educar” y por eso, en un férvido momento de sus vidas, ven en el pueblo una inusitada fuente de inspiración cultural (no de clase). A este proceso le llama “transformismo” y lo define como “la absorción gradual, pero continua, y obtenida con métodos diversos según su eficacia, de los elementos activos surgidos de los grupos aliados e incluso de aquellos adversarios que parecían enemigos irreconciliables. En este sentido la dirección política ha devenido un aspecto de la función de dominio, en cuanto que la asimilación de las elites de los grupos enemigos los decapita y aniquila por un período frecuentemente muy largo”. Mediante este operativo, la clase dominante amplía y consolida su hegemonía sobre toda la sociedad, también por períodos muy largos.

Esto explica, en el plano emocional, psicológico y cultural por qué los más estridentes izquierdistas se pasan a la derecha, algunos de manera espectacular y ruidosa, al estilo de Carlos Manuel Pellecer, y otros (que aún circulan por estas calles) de manera solapada, persistiendo en el discurso de izquierda pero accionando como operadores políticos e ideológicos de la derecha, y adoptando un alegre cinismo disfrazado de realismo político y pragmatismo táctico dizque en favor de las mayorías oprimidas, explotadas bla bla bla. Se trata del izquierdoderechismo de la pink left (así llamada por haber dejado de ser roja y adoptado el tono light del conservadurismo posmo, y no por razones homofóbicas, oh cancerberos de la diversidad).

Al éxito de un operativo así, el cual diera como resultado un partido político de derecha pero con fachada pluralista y con aparente tendencia de izquierda, el cual tomara el poder (en un lejano país con el extraño nombre de Guatemala), quizá Gramsci le habría aplicado su concepto de “hegemonía transformista” o “revolución pasiva” (el cual aplicó a ciertas etapas de la intrincada formación del Estado moderno italiano), para caracterizar un proceso de restauración renovada del poder reaccionario. Esto, a pesar de que, en este caso, esa restauración se haga sobre bases aparentemente distintas, remitidas al mito (asumido como realpolitk) de la posibilidad de alcanzar la incorruptibilidad del Estado por medio de barrer con los corruptos más visibles, mediante el “buen funcionamiento” del aparato público de justicia y sin tocar el sistema económico que da vida y define al sistema político.

Por todo, las alianzas que la izquierda pueda y deba hacer con organizaciones de derecha, necesitan basarse en convergencias puntuales que no comprometan el objetivo estratégico de la izquierda. Si lo compromete, la izquierda deviene en derecha mediante la absorción o transformismo de sus intelectuales orgánicos y de quienes los siguen. No hay duda de que el desencanto por las derrotas populares y la atracción de sirena que ejerce la hegemonía de la clase dominante, convence de veras a los intelectuales transformistas de que en realidad es posible que el neoliberalismo fascista contribuya a forjar aquí una genuina democracia nacional-popular with a little help from a friend.

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