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El interlocutor alternativo
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 31 de agosto de 2016
consucultura@intelnet.net.gt

Y la necesidad de recuperar la soberanía y la dignidad nacionales.

A causa de mis más reciente artículos, este mes me he reunido con diferentes grupos de empresarios de derecha y de centro, con algunos militares, con dirigentes de organizaciones populares y con una variedad de intelectuales de diferentes ideologías políticas. Además de coincidir en que nuestro país navega sin rumbo hacia una implosión de consecuencias impredecibles ―por causa de un sistema económico disfuncional y productor incesante de pobres e ignorantes―, compartimos la necesidad de crear un tanque de pensamiento alternativo al dogma neoliberal y al izquierdoderechismo, así como un instrumento político en el que converjan pequeños y medianos empresarios, capas medias asalariadas y sectores populares organizados, con un objetivo táctico inmediato: democratizar el capitalismo local y normar ―en aras del interés nacional― las inversiones transnacionales y las “ayudas” de la cooperación internacional. Esto, como primer paso para proceder a una democratización del Estado que lo haga eficiente, probo, pequeño y fuerte.

La voz popular que recorre las calles habla de una pronta caída del actual Presidente, por ineptitud, ignorancia y desconcierto acerca del ejercicio del poder. Unos suponen que lo sucederá el Vicepresidente y otros razonan que ambos caerían al mismo tiempo para ser sustituidos por cuadros de la maloliente alianza rosé que la izquierda tradicional, la socialdemocracia, los neoliberales ultraderechistas, la oligarquía y algunos profesionales de la indignación placera sabatina han hecho para administrar desde el Estado el plan geopolítico regional llamado Plan para la Prosperidad del Triángulo Norte de Centroamérica (PPTNCA), el cual intensificará la expansión de mineras, cementeras, hidroeléctricas, palma africana y caña de azúcar, e impedirá la salida de emigrantes de la región.

Sea como fuere, el PPTNCA no puede esperar a que haya elecciones dentro de casi cuatro años para que sus medidas geopolíticas se pongan en práctica, de modo que algún mecanismo de sustitución de funcionarios públicos deberá implementarse de inmediato. Esto es lo que obliga a forjar un interlocutor distinto al constituido por la alianza izquierdoderchista descrita, el cual dialogue con la potencia geopolítica los términos de su plan regional desde posiciones que privilegien la soberanía y la dignidad nacional por encima de un entreguismo que no ve más allá del interés económico personal, ya que es de sobra evidente a estas alturas la ausencia absoluta de convicciones y principios ideológicos por parte de estos peculiares aliados, los cuales perpetran su desatino en nombre de la realpolitik y de un coyunturalismo de conveniencia según el cual todo se trata de una casual cuanto feliz coincidencia fortuita de intereses geopolíticos y nacionales.

La convergencia de los sectores mencionados al inicio es la necesidad que hay que satisfacer para concretar una expresión política que ―aun en medio de la globalización y participando de ella― tenga como base la soberanía y la dignidad nacionales en materia económica, política, ideológica y cultural. Ya no es tiempo de bipolarismos de guerra fría, sino de trabajar a favor (no en contra) del interés nacional. Las necesarias alianzas que deban hacerse para acceder al control del Estado no pueden constituir traiciones a ese interés, sino esfuerzos para hacerlo valer, logrando con ello una convivencia digna con el poder geopolítico regional.

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