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¿Què hacemos con la izquierda?
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 8 de febrero de 2017
consucultura@intelnet.net.gt

Hacia una alternativa política para democratizar el capital y el Estado (2)

¿Quiénes están en posición coyuntural para forjar el instrumento político necesario para impulsar este cambio? Empecemos por explicar por qué hay izquierdas que no están en capacidad de participar en este proyecto (ni conviene que lo hagan), para después decir lo mismo de ciertas derechas. Al hacer esto, elucidaremos qué fuerzas de izquierda y derecha están en posición y necesitan impulsar e integrar este instrumento político.

Hay que acabar ya con el sueño de opio de “la necesidad de que la izquierda se renueve y se una”. La izquierda que firmó la paz ya no se renovará ni unirá por una sencilla razón: se ha oenegizado y, con ello, sus miembros se han dispersado y divorciado de la posibilidad de integrar un proyecto común, ya que la lucha por los financiamientos externos los hace competir deslealmente entre ellos y, además, se acostumbraron a sobrevivir siguiendo la línea política de los países donantes, los cuales promueven culturalismos étnicos, políticos y sexuales para mantener convenientemente dispersa y dividida a la sociedad civil, a fin de que de ella nunca salga un proyecto unitario de país. Es necesario, sí, que surja una nueva izquierda en calidad de contrapunto de la derecha para que la democracia equilibre los poderes que la animan, pero esa nueva izquierda ya no puede ser un desarrollo renovado de la vieja, sino sólo puede brotar sobre su cadáver. Para ello basta con desenchufar la respiración artificial que le siguen dando quienes insisten en renovarla pero sin dejar de concederle poder sobre ellos. Son los herederos de la decrépita tradición izquierdista, de ingrata recordación por su verticalismo, su represión interna a los disidentes, su negligente conducción de la guerra y su sospechoso fracaso como fuerza política en tiempos de paz. Por si fuera poco, ese legado se ha convertido ahora en un activismo oenegizado y políticamente correcto. Es decir, ideológicamente contrainsurgente y aliado servil de la geopolítica regional.

Y qué decir de los apéndices de esta izquierda, tales como el nauseabundo personal corrupto encargado del resarcimiento a las víctimas del conflicto armado, traidores a sus propios pueblos indígenas. O de los piadosos vividores del asesinato de Gerardi. O de los ficticios sindicalistas y dirigentes populares (indígenas o no), debidamente financiados por la cooperación internacional, los cuales son artificiales porque si se acaba el financiamiento se acaba el movimiento y con él su liderazgo. O de los culturalistas-esencialistas-fundamentalistas etnocéntricos (indígenas y ladinos), que igualmente viven de la propia victimización en nombre de las explotadas y oprimidas masas indígenas a las que no representan. O de los pobres grupúsculos extremistas que se reúnen para hacer catarsis de grupo lanzando consignas desfasadas como “socialismo o muerte”, soñando con el regreso del Che Guevara o la resurrección del Ejército Rojo. O de los traidores que ahora sirven al ejército. O de los novísimos “políticos” millennials que conforman el recambio generacional del conservadurismo de derecha pero que navegan con bandera de “revolucionarios” de la nunca mejor dicha “generación equivocada”. O de la izquierda rosada, oenegera y alineada con el designio geopolítico.

Ni militaristas, ni ortodoxos, ni marginales, ni traidores, ni oportunistas. Todas estas posturas son estériles en estos dorados tiempos de controles virtuales, manipulaciones online y conciencias políticas light. Ninguna sirve para empujar el cambio en la hora presente. Ni a ellos les interesa.

Servirían para esto quienes, dentro de estos grupos, comprendieran su obsolescencia o su inmoralidad y renunciaran a ellas para pasar a luchar con genuina y convencida entrega por un proyecto político que impulse (no el socialismo porque eso es una imposibilidad histórica en la actualidad, sino) la democratización del capital y del Estado. Dos asuntos básicos que requieren de liderazgos, organización, movilización, alianzas y convergencias.

¿Y qué se puede decir de las derechas? (Continuará).


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