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La pugna intraoligárquica
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 6 de septiembre de 2017
consucultura@intelnet.net.gt

Y la falsa izquierda formada por oportunistas siervos de la geopolítica.

Las facciones oligárquicas hoy en pugna son, de un lado, los liberales-mercantilistas (CACIF-Multinversiones et al) y, de otro, los libertarios-fascistas (Liga Pro-Patria, Avemilgua et al). Ninguna facción es mejor que la otra; son sólo dos variables de la misma visión neoliberal-elitista del mundo, que hoy está dividida por desacuerdos en los mecanismos del designio geopolítico de hacer de Guatemala un “ejemplo frente a Venezuela” mediante un gobierno de fachada izquierdosa pero con torva economía oligárquica. Para lograr esto, la geopolítica inventó el Plan para la Prosperidad del Triángulo Norte de Centroamérica como un muro de contención contra China y Rusia (presentes en Nicaragua), a fin de mantener el modelo oligárquico a pesar de la conflictividad que causa. Ese plan ?que implica más mineras, más hidroeléctricas y más palma africana? supone obligar a la oligarquía a pagar impuestos y también movilizar al simulacro de sociedad civil local (movimientos populares incluidos) mediante el oenegismo, además de hacer a un lado a políticos y riquillos inconvenientes mediante una quirúrgicamente selectiva “lucha contra la corrupción”: un recurso que ha rendido buenos frutos a la geopolítica, tales como el derrocamiento de Dilma, la reinstalación del neoliberalismo en Argentina y el paso de la revolución de color al terrorismo en Venezuela. ¡La lucha contra la corrupción sí tiene ideología!

Aquí, la facción libertaria-fascista se negó a pagar impuestos y la expulsaron del usufructo del Plan, pero la facción liberal-mercantilista sí pagó, y por eso es que el instrumento geopolítico (la CICIG) para lograr que Guatemala sea un “ejemplo frente a Venezuela” mediante una falsa “revolución pacífica”, no toca a la facción liberal-mercantilista en su “lucha contra la corrupción” pero sí a los fascistas libertarios. La dicotomía Iván-Jimmy (buenos/malos, corruptos/incorruptos) es sólo la apariencia que adopta esta pugna intraoligárquica que tiene alborotada a la falsa sociedad civil pro-CACIF, compuesta por una progresía oenegera que vive del capital financiero de Soros y del de sus agencias de inteligencia (OSF, USAID, NED et al), y a la derecha ultramontana.

La pugna intraoligárquica se resolverá con la negociación de siempre, pues el poder oligárquico no se puede dividir. Las suertes de Iván y Jimmy no importan. Y la “izquierda” comprada por el oenegismo pasará a la historia como comparsa del plan geopolítico o táctica que el desgastado sistema económico oligárquico recibió como salvavidas para restaurar su poder mediante una fachada progre e izquierdosa a fin de que todo siga igual. Estamos pues asistiendo a una alegre manipulación de masas que empezó en el 2015 y que acabará con un gobierno izquierdoderechista que afirmará la continuidad oligárquica para lo que resta del siglo XXI.

Sigue sin surgir la fuerza amplia capaz de hacerse interlocutor alternativo (a la oligarquía) ante Estados Unidos. Se capta la necesidad pero se teme dar el paso. De no surgir, habremos de ver cómo el país se hunde más en el extractivismo, ahora con fachada progre.

¿La izquierda de clase? Acabó como fuerza política en el 2015 y sus partes fueron momificadas por Soros. A pesar de ello, algunos de sus insobornables miembros ―dispersos y conscientes de la mascarada― dejan constancia histórica de esta traición al pueblo por parte de los siervos de la geopolítica, y se organizan para dar la lucha.


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