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Amanecer en ciudad Gótica
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 20 de diciembre de 2017
consucultura@intelnet.net.gt

Sobre la dura lucha por la justicia, el bien y la verdad

Ciudad Gótica es asolada por el crimen organizado. El sistema de justicia y la fuerza pública han sido tomadas por los malos. La ciudadanía honesta vive aterrorizada por los criminales infiltrados en el sistema que debería defenderlos. Este es el momento en que aparece Batman.

Batman es Bruno Díaz, y Bruno Díaz es un millonario que ―disfrazado de hombre-murciélago― lucha contra el crimen organizado. No contra el sistema que produce, desarrolla y glorifica al crimen organizado; pues, como buen millonario, Díaz forma parte del pálpito vital de ese sistema, que basa su reproducción en el apropiamiento privado del trabajo colectivo, a cambio de un arbitrariamente fijado precio (que no valor) de la fuerza laboral de la sociedad. Con sus heredadas ganancias descomunales, Díaz-Batman sale a la calle a combatir coreográficamente a todos aquellos que actúan fuera de la ley que protege y asegura la reproducción de este infame régimen. Como puede verse, la jerga sistémica llama crimen organizado no a la estructura del sistema, sino a aquellas manifestaciones suyas que, aunque fieles a la lógica empresarial, no se avienen con la normativa monopolista de quienes, como Batman, integran el 1% más rico del planeta, el cual (según Oxfam 18-1-16) “ya tiene tanto como el 99% restante”. Sock! Ugh! Whaaam!

Con su lucha, Batman expresa que el sistema es bueno y que el crimen organizado nada tiene de sistémico. También, que los malos están en contra del régimen y no que forman parte consustancial de él; como si el crimen organizado pudiera existir sin la sistémica lucha contra el crimen organizado, o el terrorismo sin la lucha contra el terrorismo, o el narcotráfico sin la lucha contra el narcotráfico. Me explico. El crimen organizado existe como tal en el imaginario público porque Barman lo combate (aunque en privado lo practique). Igualmente, la tonta idea de que el sistema no es corrupto no existiría sin la publicitada lucha sistémica contra la corrupción. Las luchas contra el crimen organizado, el terrorismo, el narcotráfico y la corrupción le dan vida “anómala” a lo que dicen combatir pero que es normalmente sistémico, y le otorgan una existencia excepcional y maligna a los ojos de quienes ven en esas luchas la encarnación misma de la justicia, la verdad y el bien común, y caen en la pueril ilusión de que es posible acabar con aquellos “flagelos” saliendo a la calle a emular a Batman en las plazas o ahorrando agua para evitar el colapso climático, sin reparar en que dichos “males” son la esencial condición de ser del bendito sistema.

En Ciudad Gótica, Batman ha inspirado a una ilustre caterva de fans que, como él, sale a la calle a “hacer el bien” luchando contra los corruptos y los malos, cuidando a los pobres buenos y ocultando, como él, que la corrupción brota de la esencia misma del régimen económico que rige a la tétrica ciudad, y que éste es el corruptor de la justicia, el poder político y el tejido social. Los biempensantes “justicieros” hacen creer que todo va a cambiar confinando a unos cuantos cacos que ya no le sirven al régimen porque éste necesita reemplazarlos perennemente con nuevos corruptos “decentes”. Batman lo sabe bien, pues él es el nocturno corazón de ese sistema. Por eso le gusta jugar a la justicia montando un perenne baile de máscaras, para luego ver desde lo alto de uno de sus rascacielos un nuevo, lucrativo y emocionante amanecer en Ciudad Gótica.


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