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La invasión militar a Venezuela
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 20 de febrero de 2019

Ningún país latinoamericano saldría indemne de esta guerra

Vean cómo está el Medio Oriente desde la invasión a Irak, la cual se llevó a cabo por la amenaza de armas de destrucción masiva que jamás existieron. ¿Quieren que América Latina se hunda en una debacle similar después de una invasión a Venezuela para “restaurar la democracia”, allí donde más elecciones ha habido para legitimar al gobierno?

El verdadero motivo de la invasión a Irak no fueron las armas de destrucción masiva, sino el control geopolítico regional y el petróleo. Y lo mismo pasa con Venezuela. Los centros financieros del mundo (Wall Street, la City de Londres) y el complejo militar-industrial-financiero enfrentan entre sí a los países para endeudarlos financiándoles sus guerras a fin de cobrarles con recursos naturales estratégicos. En especial con oro. En Venezuela se quiere iniciar una guerra continental buscando desatar una Tercera Guerra Mundial (contra Rusia y China) para beneficio exclusivo de los dueños de la industria armamentista.

Además de tomar en cuenta que la Revolución Bolivariana es, como dejó dicho Chávez, “una revolución pacífica, pero armada” y de las advertencias de Rusia y China sobre el desastre que implicaría una invasión de Estados Unidos a Venezuela, los latinoamericanos debemos pensar en todo el Continente a la hora de tomar partido a favor o en contra de la soberanía venezolana, porque este país es el principal foco de tensión geopolítica mundial, y una conflagración como la que se anuncia no dejaría indemne a uno solo de nuestros países, empezando por Colombia y Brasil.

Aún es tiempo de que lo mejor de Estados Unidos (sus intelectuales, sus artistas, su juventud y su pueblo trabajador) formen un movimiento antibélico interno, como cuando Vietnam, opuesto a la élite de la industria armamentista y energética, que es la que quiere arrastrar a sus juventudes a otra gran guerra, sólo para venderle armas a su gobierno. Esto no es justo ni para el pueblo ni para la juventud estadounidense. La falsa cruzada “por la democracia” esconde intereses de una minoría en contraste con el grueso del pueblo norteamericano, tan noble y trabajador como desinformado por los medios del mainstream. Por eso ignora que estas guerras implican un auge del terrorismo, el narcotráfico y la corrupción, diseñados no para acabar con ellos, sino para durar, según el ideal empresarial de “guerra permanente” de la industria armamentista.

Los latinoamericanos debemos salir en defensa pacífica de Venezuela y de cualquier otro país amenazado ─no por el pueblo estadounidense, sino─ por la élite guerrerista que lo domina: el complejo militar-industrial-financiero, los Clinton-Obama-Soros, la City de Londres y Wall Street, a quienes le hacen servil coro las ultraderechas y derechas “moderadas” (o izquierdas rosa) de América Latina.

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