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¿Cómo no iban a matarlo?
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 4 de septiembre de 2019

Su delito era predicar la absoluta libertad moral

El celebrado guía espiritual indio Bhagwan Shri Rashnish, más conocido como Osho, de quien se afirma que fue envenenado por posicionarse en contra de todas las religiones e iglesias, la familia y el matrimonio, la educación formal y la sexualidad normada, las élites económicas, las dirigencias políticas, los ejércitos y los medios de comunicación, así como contra las restantes variables instituidas para el control y la manipulación de las masas, aconsejaba lo siguiente: “Experimenta la vida en todas sus formas posibles: buena y mala, amarga y dulce, oscura y luminosa, invernal o estival. Experimenta todas las dualidades. No le temas a la experiencia, porque mientras más experiencia tengas, más madurez adquirirás”.

Esta es una invitación a asumir la vida no como queremos que sea, sino como ella es: buena y mala, amarga y dulce, oscura y luminosa, fría y ardiente. Y a no engañarse a uno mismo suponiendo que es posible vivirla unilateralmente de manera buena, dulce, luminosa y templada. Y menos fingiendo que uno no cae en la reprimida tentación de vivir su lado negativo, acre, oscuro y pasional. Es una abierta incitación a conocer las dualidades (todas ellas) para que esa experiencia nos haga trascenderlas y percibirlas como complementarias, lo cual implica madurez o capacidad de discernimiento crítico. Esto, en vez de masificarnos y ser manipulados por no saber lo que de veras deseamos y carecer del arrojo para hacer lo que en verdad queremos. Es un apremio a vivir la vida y a no morirla. De hecho, es también un exhorto a vivir de lleno la muerte cuando ésta venga, porque la experiencia y la madurez nos facultan para asumir ese momento como uno más en la infinitud del espíritu.

La experiencia es además la partera de la única fe que obra porque brota del conocimiento concreto y no de la ciega creencia en lo no comprobado. De modo que la invitación de Osho es ni más ni menos una premura religiosa, porque nos insta a religarnos con la verdad total de la vida y no sólo con uno de sus costados; el cual, después de todo, no tiene sentido sin su contrario, pues el bien no puede existir sin la presencia del mal. El sentido de la vida, por tanto, sólo se revela cuando se viven las dualidades en vez de fingir estar sólo del “lado bueno de las cosas”, lo cual implica pudrirse en el charco de la santidad o de la hipocresía biempensante.

Osho quiere personas capaces de conocer la vida espiritual en su totalidad. No ratas de iglesia ni insectos políticamente correctos. Quiere que ―hoy― osemos SER nosotros mismos de manera absoluta. Por eso nos lanza un imperativo que no es para cobardes, sino sólo para hombres y mujeres libres, valientes y capaces de vivir con plenitud moral. Dice: “Sé. No sólo trates de llegar a ser”. ¿Cómo no iban a matarlo?

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