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El ruido y la furia
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 11 de septiembre de 2019

Recursos para vivir y no “filosofías de vida”

A menudo la gente suele preguntarle a uno cuál es su “filosofía de vida”, como si las palabras y los actos debieran responder a conjuntos de preceptos que se pueden adquirir online en las transnacionales del pensamiento enlatado y sus agencias religiosas, espirituales y filosóficas, las cuales suelen promocionar a entretenidos merolicos de la “sabiduría”.

Más que por una “filosofía de vida”, mejor sería indagar por recursos para explicarse el mundo material y espiritual, a fin de aumentar la lucidez y la felicidad y así poder “estar en el mundo sin ser del mundo”, como quería Gurdjieff. Porque para vivir según la lógica del mercado sin sucumbir a ella; para nadar en las aguas de la agresividad, la competitividad y la maledicencia sin ahogarse en ellas ni fingir que uno es unilateralmente buenito y merecedor del Cielo, hacen falta efectivos recursos que permitan comprender por qué la lógica del mercado se ha desplazado de las relaciones mercantiles a los actos más íntimos del ser humano, como el tiempo libre, la familia y la sexualidad, los cuales ya no se viven de manera espontánea, sino se actúan según son representados en la televisión, el cine y el video. El porqué de semejante deshumanización necesita explicarse, y para eso son necesarios algunos recursos cognitivos que ubiquen a estas realidades en sus respectivos procesos históricos, sus causas, sus relaciones, desarrollos y transformaciones.

También son necesarios algunos recursos espirituales ?como el autoconocimiento? para situarse por encima de las metas que el poder neoliberal nos insta a lograr para “triunfar” en la vida mediante la competencia, la agresividad, la traición y la mentira a fin de imponer intereses adocenados que valoramos alto gracias a la escuela, la iglesia, el partido y los medios de comunicación. El ejercicio diario del autoconocimiento es básico para comprender a los demás, porque sólo conociéndonos a nosotros mismos podemos entender al prójimo y comprender aquello que nos acerca a él y lo que nos contrapone en los diferentes campos de la vida. Sólo partiendo de nosotros mismos podemos llegar a los demás. Esto lo soslayan los políticos, los religiosos, los gurús y los apesadumbrados evangelistas apocalípticos que se desgañitan en la vía pública hablándole al viento, al ruido y la furia de las pobrerías que se agolpan como reses en las calles y los autobuses.

Si hoy el único propósito sensato que puede tener la vida es vivirla con intensidad para crecer emocionalmente por encima del “éxito” que ofrece la lógica del mercado; si de lo que se trata es de no desperdiciar la vida lucrando sin llegar a saber nunca quiénes somos, los recursos aludidos sirven mucho más para lograrlo que cualquier “filosofía de vida”, por muy bien enlatada que se nos venda.


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