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“¡Póngase sereno y apunte bien!”
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 18 de septiembre de 2019

“¡Usted va a matar a un hombre!”

La tercera semana de septiembre de 1954, hace 65 años, Ernesto Guevara tomó un tren de Guatemala hacia México. Hilda Gadea lo acompañó hasta la estación de Amatitlán, en donde ella se apeó para volver a la ciudad. En una carta de diciembre de 1953, Ernesto le dice a su madre que “El único país que vale la pena en Centroamérica es este. Naturalmente todos los regímenes pierden de cerca, y aquí también se cometen arbitrariedades y robos, pero hay un clima de auténtica democracia”.

Unos meses después, en abril de 1954, le cuenta a su madre que “laburé [en Puerto Barrios] en la descarga de toneles de alquitrán ganando 2,63 por 12 horas de laburo. Trabajaba de 6 de la tarde a 6 de la mañana y dormía en una casa abandonada a orillas del mar”. El médico de 26 años estaba a escasos dos meses de atestiguar el derrocamiento de Arbenz y el inicio de la caída en desgracia de Guatemala, la cual dura hasta la fecha.

Pocos días después de despedirse de Hilda, llegó a México en compañía del Patojo Cáceres. Y gracias a Ñico López, a quien había conocido en Guatemala, entró en contacto con Fidel y Raúl Castro y con los futuros expedicionarios del “Gramma”. El resto, como reza el lugar común, es historia.

En su diario Otra vez, el Che cuenta con algún detalle su estancia de nueve meses en Guatemala y cómo vivió el golpe de Estado contra Arbenz. Esto fue decisivo para que aquel joven aventurero se convirtiera en el ejemplo moral de perseverancia, coherencia y coraje que sigue siendo para quienes son inmunes al posmodernismo light gracias a la acción y el pensamiento críticos. Había, claro, un buen caldo de cultivo en él para que este cambio de conciencia le ocurriera. Y la prueba está en otra carta a su madre, fechada en Guatemala, en mayo de 1954, en la que le dice: “En Guatemala podría hacerme muy rico (…). Hacer eso sería la más horrible traición a los dos yos que se me pelean dentro, el socialudo y el viajero”.

Edelberto Torres dijo de él que “Era bien parecido, pero no enamorado. Solía gustar a las mujeres porque las trataba como a iguales”. Y el bailarín del Ballet Guatemala, Roberto Castañeda, gran colaborador del Movimiento Revolucionario del Pueblo Ixim, quien también lo conoció, dijo de él que “Sólo tenía un defecto: tenía amusia o incapacidad para reconocer la música, pero, en cambio, nunca lo vi perder al ajedrez. Siempre, siempre, decía lo que pensaba: la verdad. Por eso todo el mundo lo respetaba”. De seguro por eso le gritó a su verdugo: “¡Póngase sereno y apunte bien! ¡Usted va a matar a un hombre!”

A 65 años de haber salido de Guatemala para entrar en la Historia, el Che nos recuerda que “Si no existe la organización, las ideas, después del primer momento de impulso, van perdiendo eficacia”. No lo olvidemos. Ahora menos que nunca.


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