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¿El último con dignidad?
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 11 de diciembre de 2019

Qué pasa con César Montes

Aunque muchos (tanto en la derecha como en la izquierda) se nieguen a aceptarlo, César Montes es un símbolo mítico de la revolución latinoamericana tal como ésta se desarrolló a lo largo de la Guerra Fría. Combatiente guerrillero en Guatemala, Vietnam, El Salvador y Nicaragua, para hablar de lo que públicamente se conoce, lo que se dice de él, como de todo personaje mítico, va de la santificación a la satanización, casi invariablemente sin evidencia dura que respalde los fugaces “argumentos” de quienes no gustan del chisme, sino sólo los entretiene. No soy yo quien lo va a defender. Pero tampoco a condenar. Como sí lo hacen no sólo sus enemigos históricos, sino también (asco) algunos de sus compañeros. ¿En nombre de qué?

Debido a su trabajo al frente de la Fundación Turcios Lima, una organización de masas que ha tenido logros significativos para gente sin tierra, casa, comida ni esperanza en el agro guatemalteco, las mineras le propiciaron una orden de captura que nunca se concretó. Pero a raíz de los acontecimientos en El Estor, de cuya localidad Montes dijo públicamente tener testigos de haber estado ausente antes, durante y después de los hechos ―y agregó que su Fundación nada tenía que ver con los mismos y que éstos se deben, como todo el mundo sabe, a la narcoactividad que involucra al Estado y a muchos de sus funcionarios para que la misma se desarrolle sin contratiempos en esa parte del Triángulo Norte de Centroamérica―, ya fue emitida una muy “oportuna” orden de captura contra él por esos hechos.

Sorprende, aunque no tanto, ver que “la izquierda” local, tanto la rosada como la que todavía se percibe como roja, no mueva la lengua (y mucho menos un dedo) en favor de este (mal que les pese) ícono de la revolución latinoamericana. Y lo llamo así no para decir que es arcaico, sino para afirmar que por lo visto es el único entre sus compañeros que, con aciertos y errores, mantiene la mística, la entrega y el arrojo de darle vida a sus principios revolucionarios en esta época en que los pueblos los reclaman más que nunca. Sobre todo, frente a la guerra mediática que tiene embrutecido a medio mundo y a “la izquierda” vuelta un amasijo de culturalismos políticamente correctos, financiados por quienes apoyan el neoliberalismo en América Latina y por ello costearon el golpe de Estado en Bolivia. Olvidé decir que Montes es también el último revolucionario local que “expone el pellejo para probar sus verdades”, como decía el Che.

Se entiende que la derecha fascista quiera eliminar al mito. Pero no que “la izquierda” calle ante ello. Aunque, bien vista la cosa, ésta calla ante todo. En especial ante la inminencia fascista. Eso se debe a que ya no es izquierda. Es derecha progre, light y vendida. Es decir, traidora, farsante y acomodada.


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