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Responda estas preguntas
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 6 de mayo  de 2020
consucultura@intelnet.net.gt

Y utilice las palabras correctas


¿Para qué el drástico mandato de confinamiento y de “distanciamiento social” si de pronto, cuando la curva de contagios alcanza su cúspide, se ordena sin más el “regreso a la normalidad” en nombre de “salvar la economía”? ¿Por qué de súbito se ignora al mentado virus y se opta por volver a trabajar, descalabrando así toda la supuesta gravedad de la pandemia y la acartonada solemnidad con la que los gobiernos suplicaban a sus ciudadanías observar las restricciones que produjeron aquellos apocalípticos paisajes desérticos en todas las ciudades, pueblos y aldeas del mundo?

¿Tienen razón los suecos, quienes dejaron que el contagio alcanzara su cumbre y esperaron a que se generará naturalmente la inmunidad colectiva, pagando (sí) el precio de los inevitables muertos ―sobre todo los de la tercera edad por complicaciones ajenas al virus, aunque agudizadas por éste―, pero en mucha menor cantidad que los habidos en los países en los que el confinamiento y el “distanciamiento social” fue drástico, como en EU, España, Italia en Inglaterra?

¿Será que después de este tiempo de forzada parálisis económica ―el suficiente como para justificar la nueva recesión global anunciada desde el inflado salvataje estatal de la banca en 2008 y que se debe al último colapso del caducado orden financiero de Occidente y al fin del petrodólar― llegó la hora de seguir la senda de los suecos pues ya se le puede echar la culpa de esta nueva recesión al temido virus? ¿Es posible articular semejante hipótesis basándonos en la evidencia que arroja la contradictoria secuencia de disposiciones oficiales y el dilema entre la economía y la vida que se le pone delante a la humanidad?

¿Será que con la “vuelta a la normalidad” nos acostumbraremos a las muertes por coronavirus como estamos habituados a las causadas por neumonía, cáncer o sida, y consideraremos ―sin cólera alguna― la mascarilla y la distancia de metro y medio entre cada ser humano como algo habitual y necesario para ejercer la vida en sociedad, nuestras filias y fobias, el odio y “el amor en los tiempos del virus”?

¿Aceptaremos las dudosas vacunas corporativas y esta colosal manipulación cuyo objetivo es justificar otra quiebra fraudulenta de la economía del orbe por parte de la oligarquía financiera mundial, que también implementa políticas de despoblamiento ―esta vez dirigidas a la tercera edad― como “solución” al crecimiento demográfico?

¿Ignoraremos la evidencia geoestratégica y nos refugiaremos en las versiones virológicas que endilgan la pandemia a causas naturales e incurren en la cínica contradicción de conminar primero a “quedarse en casa” para evitar el contagio y después a salir de ella a pesar del mismo para no morir de hambre? ¿Asumiremos con la rastrera impudicia del caso tan estridente cobardía?


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