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César Montes, preso político
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 4 de noviembre de 2020

Descalificar al símbolo para quitarle sentido a la gesta popular

En su columna “Con la mochila al hombro”, que escribe a diario desde la cárcel, César Montes ha dicho que cuando una jueza lo ligó a proceso penal y le dictó prisión preventiva, él quiso hablar y no le fue permitido. Tampoco a sus abogados. Afirma que ya todo estaba cocinado y que igualmente lo está la intención de condenarlo por delitos que él asegura que no cometió (por no haber estado en el lugar de los hechos), que tampoco ordenó perpetrar crimen alguno, que las escuchas telefónicas presentadas no prueban ni de lejos que él haya mandado asesinar a nadie. Y que es un preso político. ¿Lo es? Veamos.

Montes forma parte del legendario cuadro de honor de los guerrilleros históricos de la América Latina junto al Che, Turcios, Sandino, Marulanda y otros. Este lugar histórico se lo ganó a pulso porque, además de cofundar las guerrillas de Guatemala, fue combatiente en Vietnam durante la gran ofensiva del Thet, fue segundo al mando en el Frente de Guazapa durante la guerra de El Salvador y también asesor de las tropas especiales del Ministerio del Interior en Nicaragua durante el asedio de la Contra. Cuando la vía de las armas se agotó, dejó de ser guerrillero y se convirtió en un luchador pacífico por tierra para los campesinos mediante la Fundación Turcios Lima, de sonadas victorias populares. Al grito de “¡Queremos tierra, no guerra!”, los Batallones de la Dignidad, comandados por él con disciplina militar, pero sin armas, son una organización de masas con presencia y actividad en todo el país, para incomodidad de terratenientes y de funcionarios públicos comprometidos con el delito organizado.

Un personaje histórico de tal estatura tiene sin duda enemigos en la ultraderecha civil y militar de este país, la cual, como es sabido por la ciudadanía, controla el sistema de justicia local. Es por esto que, aunque Montes no haya tenido nada que ver con los juicios exitosos contra militares genocidas, su captura y condena es un bien ideológico apetecido por estas fuerzas ultramontanas que, al servicio del fallido sistema oligárquico local, ven en ello la oportunidad de ganar una victoria simbólica frente a la condena mundial del genocidio como estrategia militar en la guerra civil guatemalteca. En este sentido, César Montes, el personaje, es un símbolo que la ultraderecha busca denigrar (endilgándole delitos de los que él alega ser inocente) para manchar no sólo a la persona, sino, sobre todo, a la causa que él ha representado a lo largo de las luchas populares del siglo XX y del XXI. Su ilegal captura en México (por la que se rumora que hubo sendos sobornos de parte de oligarcas guatemaltecos) y su amañado juicio en Guatemala, son un obvio montaje que tiene por objeto descalificar históricamente una causa justa por medio de rebajar moralmente a un personaje que la emblematiza con los actos de toda su vida. Ante esto, el silencio de la ex izquierda roja (hoy rosada) es simplemente asqueroso.

Por todo lo dicho, César Montes es sin duda un preso político. Y es también la figura que en este momento simboliza toda la gesta revolucionaria guatemalteca, a la cual la ultraderecha busca mostrar históricamente como delincuencial por medio del montaje de la dudosa versión de que el guerrillero histórico no es sino un vulgar narco y un fallido operador de los terratenientes extractivistas.

Exijamos un juicio justo para él y su no traslado a una prisión en la que sea fácil montar un falso suicidio o un asesinato por parte de reos comunes.

 

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