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El señor presidente y el poder
Por Mario Roberto Morales - Guatemala, 25 de noviembre de 2020

Sobre protestas pacíficas, un congreso quemado y un libro aún vigente

Este año, la Feria Internacional del Libro en Guatemala ―FILGUA― será virtual por medio del acceso www.filgua.com. Además de la presencia de autores internacionales como Carlos Bardem y Raúl Zurita, la FILGUA 2020 cuenta con una amplia participación de escritores guatemaltecos, entre los que se cuenta a mis bueno amigos Luis Eduardo Rivera, Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 2019 y José Luis Perdomo, Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias 2020.

El amplio programa de esta feria internacional del libro está disponible en la dirección citada arriba. Como parte del mismo, me gustaría invitar muy especialmente a los bibliófilos a conectarse el viernes 27 de noviembre a las 12 del día para la presentación de la Edición Conmemorativa de El Señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias, que la Real Academia Española (RAE), la Asociación de Academias de la Lengua (ASALE) y la Academia Guatemalteca de la Lengua (AGL) prepararon en honor a nuestro Gran Lengua, la cual empezó a circular en Madrid en septiembre pasado y ya se encuentra en Guatemala.

Esta Edición Conmemorativa cuenta con ensayos críticos de Arturo Uslar Pietri, Mario Vargas Llosa, Darío Villanueva, Sergio Ramírez, Luis Mateo Díez, Gerald Martin, Mario Roberto Morales, Lucrecia Méndez de Penedo y Anabella Acevedo. Los últimos tres participaremos en la presentación en vivo del viernes 27 a mediodía, junto al director de la RAE y presidente de la ASALE, Santiago Muñoz Machado, la directora de la AGL, Raquel Montenegro y el presidente de la Fundación Miguel Ángel Asturias, Miguel Ángel Asturias Amado.

Como se sabe, El Señor Presidente es uno de los textos inaugurales de la modernidad narrativa latinoamericana y también la iniciadora del ciclo de novelas sobre las dictaduras “liberales” de la región. Es además un estudio de cómo el poder se articula gracias a la colaboración de quienes lo padecen, según lo explican, entre otros autores, Wilhelm Reich y Michel Foucault. El poder no reside en una persona ni en una institución: es un hecho sólo posible gracias a un entramado de articulaciones entre quienes lo ejercen y quienes lo obedecen. Esto queda ilustrado, para el caso del auge de Hitler, cuando Reich muestra, en La psicología de masas del fascismo, que eso sólo fue posible gracias al eufórico apoyo del pueblo alemán, objeto de la propaganda y del terror militar.

Esto viene a cuento (e ilustra la vigencia de la novela de Asturias) por los hechos del sábado 21 de noviembre en Guatemala, en los que se evidenció que la pugna entre la facción corporativa (dionisista) y la facción rentista (arzuista) de la oligarquía local continúa. Para los corporativos ―a los que pertenece el vicepresidente Castillo― el presidente Giammatei y los diputados han dejado de ser útiles para el poder geopolítico por su impúdica corrupción. Por eso convocaron desde sus netcenters a las capas medias urbanas a manifestar en clave de revolución de color, en tanto los rentistas ultramontanos en el Estado quemaron el Congreso para descalificar la protesta impulsada por la facción oligárquica contraria. En medio quedaron los honestos indignados que ―objetos de la interconexión acrítica― lamentan el vandalismo de los especialistas militares en terrorismo y claman por la renuncia del gobierno en pleno.

Es así como el poder oligárquico se rearticula gracias a las masas, y es por ello que ―deseo equivocarme― esto no pasará de ser una reedición actualizada del simulacro del 2015.

 

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