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La sociedad y la cultura inoculan la violencia a temprana edad
Por Manuel Rodriguez - Guatemala, 9 de mayo de 2013

UN PROBLEMA DE SALUD MENTAL QUE DEBE SER ATENDIDO

Guatemala tiene serios problemas estructurales que inciden directamente sobre la defensa y protección de la niñez, de tal manera que no existen condiciones adecuadas para que la mayoría de los niños y jóvenes se desarrollen en ambientes seguros y sanos, lo cual hace que este sector de la población sea el más vulnerable ante los hechos de inseguridad que a diario se suscitan en el país y a la vez se conviertan en reproductores del ciclo de la violencia.

Miles de niños y niñas crecen en un entorno de extrema pobreza, sufren de desnutrición y no desarrollan sus actitudes físicas y psicológicas para crecer sanamente; es así que sus etapas de desarrollo se disminuyen con el paso del tiempo.

Pero, además, desde antes de su nacimiento, ya se encuentran en contacto con una sociedad excluyente, por lo que muchas de sus primeras experiencias en el mundo tienen que ver con las agresiones, insultos y ofensas que son parte ya de una cultura de violencia arraigada entre millones de guatemaltecos.

Leonel Dubón, director del Refugio de la Niñez, opina que desde muy pequeños los niños perciben “referentes” que son objetos de imitación y de esa cuenta explica que un niño está constantemente expuesto a ambientes de violencia que pueden ser generados desde su misma casa, escuela, comunidad o aldea y produce que el menor se desarrolle como ser humano en un “estado total de violencia”.

“Desde los primeros siete años de vida un niño es capaz de interpretar todos esos procesos que acontecen a su alrededor y graba todas las escenas de violencia que la sociedad misma le está inculcando. Desafortunadamente cuando ese niño crece y es un adolescente de 13 años, lo que hace es recordar todo lo que vivió los primeros años de su vida y aplicarlo de manera equivocada, desde el punto de vista de las normas que rigen la sociedad, pero de manera correcta según el aprendizaje que ha tenido”, menciona Dubón.

La violencia ya se considera parte de la cultura y estilo de vida de niños y jóvenes, pues este tipo de exposición se piensa que ya es un problema endémico en el país. Según Dubón, los adultos son los responsables de estas situaciones, por no cambiar de actitud y prestarles atención a los infantes que se encuentran en franco riesgo social.

Las manifestaciones de violencia a las que están expuestos los menores de edad van desde experiencias cercanas como las agresiones domésticas y las peleas en la escuela, hasta el uso de juguetes bélicos o los sucesos de inseguridad que ocurren en los barrios y colonias.

En la misma línea, Pedro Cruz, de la organización Jóvenes por Guatemala, opina que a la par de los hechos de violencia que se registran a diario, los niños y adolescentes se ven envueltos en una cultura mercantilista que está muy lejos de ser un aporte para la construcción de la paz.

“Se han perdido los vínculos sociales en las familias, las escuelas y las colonias; de esa forma en la sociedad terminamos siendo perfectos desconocidos para las personas con las que convivimos a diario, al punto que hay casos donde los jóvenes llegan a vivir en mundos irreales”, destaca Cruz.

Para algunos niños las pistolas de juguete son un distractor y para otros los juegos de video caracterizados por los asesinatos son parte del entretenimiento, pero llega un momento en que esos elementos se convierten en referentes y ejemplos para los niños, dice el activista de Jóvenes por Guatemala. ¿Qué pasa cuando las armas ya no son de juguete, sino de verdad y ya no se trata de videojuegos, sino de la vida real?

UN PROBLEMA DE SALUD

Marco Antonio Garavito, director de la Liga de Higiene Mental, expresa que este tema debe entenderse como un problema de salud mental, a partir de un análisis de cómo la cultura de violencia afecta en el ámbito social.

Garavito indica que la salud mental es fundamental porque los seres humanos, para mantener relaciones armoniosas, tienen que cubrir correctamente distintas esferas de su desarrollo humano.

Según el psicólogo, existe un proceso de deshumanización, y eso quiere decir que hay una ruptura de las relaciones sociales. En la medida que existe la deshumanización se involucran factores que provocan la pérdida de valores y de la salud mental, lo cual se considera común hoy en día, pues los conjuntos de valores humanos han desaparecido para mucha gente.

“Nadie obtiene la salud mental entre cuatro paredes. Se construye o se destruye en la vida social. Por eso es que en Guatemala la salud mental se ha deteriorado mucho porque la interrelación humana en el contexto en el que se da está en las mismas condiciones”, agregó.

Por ejemplo, explica Garavito, vemos con más frecuencia que las personas que viven en condominios se “encierran” porque colocan garitas de seguridad o talanqueras en la entrada, pero no por eso están bien en ningún momento. Se encierran y ni siquiera se conocen entre los vecinos. Y los niños tampoco juegan tranquilos en la calle en las noches.

Expertos recomiendan que niños y adolescentes que han estado expuestos en ambientes de violencia deban tener asesoramiento psicológico para reducir el impacto negativo en el transcurso de su vida futura.

No obstante, sucede lo contrario. La cultura y las prácticas comunes exponen aún más a los menores a la violencia, y eso repercute directamente sobre su desarrollo emocional.

El asesoramiento es difícil en países como Guatemala, donde la salud mental no es prioritaria, pues la asistencia física elemental está lejos del alcance de las mayorías. Solo hay que observar el número de médicos que laboran actualmente comparado con la cantidad de psicólogos que están disponibles.

LEGISLACIÓN

Guatemala ha aprobado leyes a favor de la niñez, sin embargo, la brecha entre la aplicación de la ley es grande. “La mayoría de las organizaciones nos hemos preocupado para la implementación y creación de leyes, pero no existe un sistema de monitoreo que determine la aplicación de la ley”, explica Leonel Dubón, del Refugio de la Niñez.

Existen leyes que se formularon a partir de la Convención de los Derechos del Niño, pero la legislación a favor de la niñez no es aplicada adecuadamente. Por ejemplo, está la Ley de Protección Integral, la Ley de Adopciones o la Ley Alba Keneth, así como la Ley contra la Violencia Sexual y la Trata de Personas.

Aunque el problema no solo pasa por la aplicación de los instrumentos legales, en Guatemala no existe un ente rector que vele por la protección de los menores, lo cual hace que las instituciones del Estado tengan funciones específicas, pero no posean la capacidad de resolver esta situación.

“El Estado podría hacer una gran inversión a las instituciones educativas y crear una Escuela para Padres. La escuela tiene también un rol importante en el crecimiento de la niñez, porque muchas veces desde ahí el maestro puede detectar este tipo de situaciones. No para denunciar, sino para orientar. Lamentablemente las escuelas no juegan ese papel en pro de la niñez guatemalteca”.

ERRADICACIÓN

Leonel Dubón indica que para erradicar este problema, el gobierno central debe comprender que como país se necesita colocar en agenda el tema de la protección de la niñez y la adolescencia, como punto de carácter prioritario, y no solo de manera caritativa resolver los problemas de desnutrición, que es solo uno de los factores que sufre este sector de la población.

“De lo contrario, seguiremos lamentando el involucramiento de menores de edad en pandillas, embarazos en niñas, deserción escolar, la desnutrición, entre otros”, explica.

Para Garavito la solución es generar una Estrategia Nacional de Salud Mental, donde la iniciativa privada, las organizaciones sociales y el Estado de Guatemala lleguen a un acuerdo y se propongan esfuerzos para la reconstrucción de las relaciones sanas.

“Haciendo una gran inversión de parte del Estado, implementando centros que ocupen el tiempo libre de los niños y jóvenes con actividades sanas, en vez de mantenerlos en las calles delinquiendo. Podría incluirse cultura, arte, recreación o deporte. Es claro que un niño o joven que no tiene hogar o dónde estar estará en las calles integrándose a actividades no acordes a su edad”, aclaró.

Asimismo, indica Garavito que el problema de la violencia no solo se da entre las personas de escasos recursos. Los jóvenes y niños con más poder adquisitivo están metidos en otras situaciones, por ejemplo en tráfico y consumo de drogas.

Hace unos años hice un estudio sobre los niños de la calle y los niños de la calle “motorizados”. Los primeros eran los que en los parques asaltaban y robaban a las personas. Los segundos son los que andan en carros lujosos, con tarjetas de crédito, inhalaban cocaína en lugar de pegamento, que robaban no con un cuchillo sino con un arma de fuego.

Pedro Cruz, de Jóvenes por Guatemala, cree que se debe recuperar el tejido social y para eso se deben llevar a la práctica estrategias para promover la convivencia pacífica y la cultura de amor.

En los hogares, las escuelas y las comunidades debe haber esfuerzos de líderes para recuperar los valores que se han perdido en la sociedad. Es necesario que haya maestros mejor preparados, padres más conscientes y líderes más comprometidos para trabajar en la cultura de paz, porque esa es la única vía para acabar con la violencia, señala.

“Trabajar por la paz es un esfuerzo que tenemos que hacer como sociedad; apostarle a la niñez y la juventud, darle la oportunidad que necesita”, puntualiza Cruz.

MENORES IMPLICADOS CASOS RECIENTES

Algunos de los casos que se encuentran bajo investigación:

28 de octubre de 2012: La PNC captura a menor de 13 años en la colonia Los Pinos, zona 18. Testigos dijeron que disparó contra un piloto de la unidad de transportes Morenita que se negaba a pagar extorsión.

29 de enero 2013: Arrestan en colonia Santa Fe a un adolescente de 14 años que portaba una subametralladora Mini-Uzi y una tolva con 11 cartuchos. Se le sindica de participar en homicidios y cobro de extorsiones a comerciantes.

3 de febrero 2013: Detienen a niño de 11 años en colonia Cipresales, zona 6, junto a dos hombres de la Mara 18. La primera versión aseguraba que él disparó contra tres mujeres. Luego se informó que el menor observó el crimen.

REACCIONES

En su momento, el ministro de Gobernación, Mauricio López Bonilla dijo que los grupos criminales se dedican a contratar a menores como sicarios pues la legislación establece que los hechos cometidos por éstos no pueden ser procesados penalmente.

La Procuraduría de Derechos Humanos (PDH) ha recibido durante este año 64 denuncias por maltrato o violencia contra menores de edad, los cuales son cometidos por familiares o integrantes de grupos organizados (pandillas). En algunos casos los menores son obligados a realizar actos ilícitos como robar, transportar armas o vender droga al menudeo, explicó la defensoría de la niñez.

Por su parte, Jorge De León Duque, indicó que existe “aprovechamiento del menor”, que por su irresponsabilidad e inmadurez no mide las consecuencias de sus actos, y el crimen organizado se aprovecha de la inimputabilidad de los menores de 13 años.



“Desde los primeros siete años de vida, un niño es capaz de interpretar todos esos procesos que acontecen a su alrededor y graba todas las escenas de violencia que la sociedad misma le está inculcando”.
Leonel Dubón. Director del Refugio de la Niñez

Fuente: www.lahora.com.gt


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