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Un segundo muerto
Por Magalí Rey Rosa - Colectivo MadreSelva - Guatemala, 18 de marzo de 2005

Ojalá las autoridades tomen nota y se investigue la muerte de Álvaro Sánchez, de Sipacapa, San Marcos.

Parece que la controversia que el tema de la explotación de minerales a cielo abierto ha provocado entre guatemaltecos, se ha cobrado ya un segundo muerto. Álvaro Sánchez, de 23 años, un muchacho de Sipacapa, quien se oponía a la minería, fue asesinado a balazos en San Miguel Ixtahuacán; y en Sipacapa aseguran que fueron trabajadores de la compañía minera.

Habría que comprobar si esto es cierto o no, pero este tipo de situación extrema podría evitarse, con un poco más de respeto, de parte del gobierno, ante posiciones diversas de la población guatemalteca.

Es impresionante la poca capacidad para escuchar y tomar en cuenta a muchos sectores del pueblo guatemalteco, que exhiben las autoridades. Ha pasado más de un año desde que se les hizo la primera advertencia sobre lo que podría provocar la minería de metales, y aún no reaccionan, a pesar de que ya ha corrido sangre.

Lo mismo está sucediendo con el tema del TLC. Para el presidente Berger, y muchos de sus allegados, quienes no queríamos que Guatemala lo ratificara, no entendemos de qué se trata y no nos hemos tomado la molestia de leer dicho tratado. Desde su perspectiva, nos motivan las ganas de fastidiar, como siempre.

Yo me pregunto si el presidente -quien admitió que no haber leído los acuerdos de paz, por ejemplo- sí se tomó la molestia de leer todo el texto de este tratado, y si exigió que los diputados y su gabinete lo hicieran.

Y si así fue, si entendieron los efectos que éste podría provocar para la población en general, pero sobretodo para la gente más vulnerable. Comprendemos que se quiera participar en los mercados internacionales, pero era necesario asegurar, antes, ciertas condiciones internas mínimas.

Yo no lo conozco a profundidad, pero entiendo los peligros que conlleva, desde la perspectiva ambiental, por ejemplo, y hubiera querido que se tomaran todas la precauciones del caso, para no perder más de nuestra riqueza natural.

Pero lo más preocupante es la actitud que prevalece entre nuestros gobernantes. A quienes no están de acuerdo con los planteamientos oficiales se nos tacha de ignorantes, de revoltosos y hasta de terroristas.

Guatemala sigue siendo un país de grandes desigualdades, donde la voluntad de los más poderosos se impone, aunque sea a la fuerza, mientras las grandes mayorías siguen excluidas e ignoradas. Esas desigualdades provocan violencia. ¿A quién le importará la muerte de Álvaro Sánchez? ¡Qué descanse en paz, y ojalá, algún día, haya verdaderamente paz en Guatemala!

Fuente: www.prensalibre.com


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