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Cambio traumático
Por Magalí Rey Rosa - Guatemala, 22 de septiembre de 2005

Deberíamos de valorar y cuidar los tesoros naturales que todavía tenemos.

Mucho nos ha costado a los seres humanos admitir que nuestras acciones han alterado ya las condiciones climáticas de todo el planeta. Las primeras voces de alarma de algunos científicos se levantaron en la década de los 70. También hubo científicos que descalificaron las predicciones de un cambio climático global y, gracias a ello, muchos de los líderes de países desarrollados o industrializados restaron importancia al tema.

Pero a estas alturas, a finales del 2005, algunos de los países que más contribuyen en la alteración del sistema climático, como Estados Unidos y China, se negaron a firmar el protocolo de Kyoto, un tímido intento para reducir la emisión de gases de efecto invernado.

Puede ser que la indiferencia de algunos países ante el cambio climático, se deba a que las proyecciones indican que “los países en desarrollo resultarán más afectados que los países industrializados, y los más pobres de entre los pobres serán los más vulnerables”, según un documento del Banco Mundial.

Acontecimientos, como los huracanes Katrina y Rita, podrían hacerles cambiar de parecer. Y a nosotros, habitantes de un país “en vías de desarrollo” nos deberían de servir para orientar nuestras acciones futuras. Nuestro país es una joya natural, de inmensa riqueza en biodiversidad y belleza, que podrían ser fuente de bienestar para toda la sociedad guatemalteca.

Pero muchas de las políticas que se impulsan actualmente parecen ignorar la vocación natural de nuestra tierra, para llevarnos por el camino del desarrollo industrial. Ello no tendría nada mal de suyo, si no fuera porque muchas de las industrias que se favorecen e impulsan actualmente son destructoras de nuestra riqueza natural, y contribuyen con el calentamiento global.

Ahora en nuestro país se vuelven a abrir las puertas a la explotación de hidrocarburos.

Entendemos la lógica económica con la que se podría defender esta actividad; pero estamos en la obligación moral de examinarla también desde otras perspectivas, la ecológica y la social, por ejemplo.

¿Qué sentido tiene perder más de nuestra riqueza natural para sacar petróleo, que es el principal causante del calentamiento global? Sacar petróleo de territorio guatemalteco no va a abaratar nuestra factura petrolera y solamente va a beneficiar a unos cuantos.

La era petrolera está llegando a su fin; las reservas mundiales de petróleo podrían agotarse en los próximos 40 o 60 años. ¿Qué vamos a hacer cuando éste se acabe, con un país deforestado, contaminado, agotado y pobre?

En lugar de perder más de nuestra naturaleza y de volvernos irremediablemente más vulnerables y pobres, deberíamos de valorar y cuidar los tesoros naturales que todavía tenemos.

Fuente: www.prensalibre.com


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