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Stan nos da la razón
Por Magalí Rey Rosa - Guatemala, 14 de octubre de 2005

Nuestra solidaridad con los miles de guatemaltecas y guatemaltecos afectados.

De cara a la tragedia, ahora nos toca a todas y todos trabajar para superar la crisis y tratar de aliviar el dolor y las necesidades de supervivencia de nuestros hermanos y hermanas; e, inmediatamente, dedicarnos a la recuperación de nuestro país.

Ahí radica un reto muy grande: podemos seguir haciendo las cosas como hasta ahora; o aprender las duras lecciones de esta catástrofe y tratar de reconstruir nuestro país con conceptos diferentes. Es obvio que la degradación ambiental y la pobreza están estrechamente relacionadas con la magnitud de este desastre.

La ausencia de políticas ambientales y sociales adecuadas, la falta de prevención de desastres y la destrucción de la naturaleza son las condiciones ideales para que las fuerzas naturales que han moldeado nuestro territorio desde tiempos ancestrales generen tanta destrucción y muerte.

Quienes van a dirigir la fase de recuperación tienen que considerar de manera prioritaria la restauración ecológica, la equidad y la justicia social.

Las diferentes municipalidades, los ministerios de Agricultura, Ambiente, Comunicaciones, Energía y Minas, y el Inab tienen una alta cuota de responsabilidad en la magnitud de este desastre, porque autorizan -en lugares totalmente inadecuados- licencias de construcción, permisos de extracción de materiales de los ríos, autorizan cambios en el uso de los suelos, permiten botaderos de basura y desechos, y licencias de tala de los bosques de protección, que son los que cumplen con la función de retener los suelos en pendientes y en orillas de ríos y fuentes de agua.

Las evaluaciones de impacto ambiental se han convertido en meros requisitos para la autorización de proyectos de alto riesgo ambiental y social.

Esa falta de respeto a las leyes naturales y los niveles de pobreza en que se encuentra la población guatemalteca son factores que se tienen que cambiar. Las lluvias, los huracanes, las erupciones y los terremotos no son desastres naturales, lo desastroso es la manera como se trata a la naturaleza y la naturalidad con que se ve la pobreza de nuestros compatriotas.

Una tragedia como ésta debería sacudir la indiferencia institucional ante los problemas ambientales y sociales; y obligar a los funcionarios públicos a cumplir con su obligación, y a la población también. Si seguimos con el rumbo que llevamos, padeceremos catástrofes cada vez peores.

Ha sido difícil aceptar que tenemos graves problemas ambientales, pero ante este tipo de evidencia sería estúpido no reaccionar.

Admiramos los gestos de solidaridad de miles guatemaltecas y guatemaltecos hacia sus hermanos; agradecemos el apoyo y la cooperación de hermanos y hermanas de otras partes del mundo y esperamos que esta tragedia se transforme en una oportunidad para cambiar tantas cosas injustas.

Fuente: www.prensalibre.com


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