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¡Por pura precaución!
Por Magalí Rey Rosa - Guatemala, 4 de noviembre de 2005

Los transgénicos son un negocio lucrativo de las transnacionales de semillas..

El principio de precaución, simplemente, dice que la sociedad no puede esperar hasta que se conozcan todas las respuestas antes de tomar las medidas que protejan la salud humana o el medio ambiente de un daño potencial. Puro sentido común.

Hace muchos años se dio la voz de alarma sobre las posibles consecuencias del desequilibrio climático. No se tomaron precauciones y ahora enfrentamos los efectos de lo que se hizo, sobre todo durante los últimos 50 años, con los ecosistemas terrestres y marinos.

Si una tormenta tropical toca un país con montañas bien forestadas y ríos con cauces y caudales en buen estado, y con comunidades y áreas de cultivo situadas en lugares adecuados, los daños ocasionados por su paso son mínimos, y también el costo de repararlos, comparados con lo que Stan encontró y ocasionó a su paso.

Pero aquí nunca se han tomado las mínimas precauciones; esa irresponsabilidad recae sobre el Inab y el Ministerio del, Ambiente principalmente.

Es preocupante la información que circula sobre la posibilidad de que el Programa Mundial de Alimentos utilice esta tragedia para introducir en Guatemala semillas o alimentos transgénicos.

Estos no son seguros, son un cruce antinatural del reino animal con el reino vegetal, algo que la naturaleza ¡jamás! ha producido. No se sabe con certeza lo que puede suceder cuando estas criaturas se liberen en los ecosistemas silvestres.

Sin embargo, estos mutantes son muy agresivos, gracias a los virus que se utilizan para la transmisión genética. Eso significa un alto nivel de riesgo para la biodiversidad local. No hay información suficiente para asegurar que no producen ningún problema de salud en los seres humanos; pero sí se sabe que pueden producir inmunidad a ciertos antibióticos, lo que significa menos defensas ante enfermedades muy peligrosas.

Creer en el mito de que pueden acabar con el hambre es tan iluso como haber creído que los pesticidas y agroquímicos la iban a reducir. Suficiente alimento hay en el mundo; el problema es su injusta distribución.

Los transgénicos son un negocio lucrativo de las transnacionales de semillas, muy poderosas por cierto, cuyo objetivo es producir ganancias, no la solidaridad ni el bienestar humano. Permitir la entrada de semillas transgénicas -sobre todo de maíz, en este caso- parapetados tras la emergencia y la necesidad, es una monstruosidad.

El Ministerio de Agricultura, el de Ambiente y el Conap van a apoyar su introducción, de eso podemos estar seguros. Y como somos una sociedad enajenada por la tecnología y vencida por el miedo, lo más probable es que dentro de unos años vamos a estar lamentando no haber cuidado lo que tuvimos, ni siquiera por precaución.

Fuente: www.prensalibre.com


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