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Con Montana perdemos todo (s)
Por Magalí Rey Rosa - Guatemala, 25 de noviembre de 2005

Nuestra oposición a la aprobación del Estudio de Evaluación de Impacto Ambiental del Frente de trabajo mina subterránea “La Hamaca”, San Marcos.

Si Montana -subsidiaria de la minera canadiense Glamis Gold- representa la nueva generación de minería, supuestamente moderna, con tecnología de punta, que actúa responsablemente con la gente y su tierra, ya nos fregamos.

La Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) con que se aprobó el proyecto Marlin, de la compañía Montana, en noviembre de 2003, es totalmente inadecuada. Recordemos que una EIA se requiere legalmente porque permite identificar -solamente cuando está bien hecha- cuál es el escenario social, económico y ambiental, cómo se va a realizar y manejar, cuáles son los riesgos que presenta, cómo se van a evitar o a mitigar los posibles impactos negativos de cualquier proyecto, antes de que éste inicie.

Es el único instrumento legal y técnico para defender los intereses sociales y ambientales de la colectividad guatemalteca y prevenir daños e impactos negativos. Además, se supone que la ciudadanía tiene derecho a opinar al respecto.

La publicación de la EIA del proyecto Marlin I fue hecha antes de que nos sintiéramos tan amenazados por la minería química de metales; como nadie se dio cuenta de su existencia el proyecto fue aprobado sin que nadie protestara sus tremendas deficiencias.

La industria minera tiene el nivel de la más alta peligrosidad ambiental posible, tras cinco meses de “exhaustivo y minucioso” análisis, el proyecto fue diligentemente aprobado por el Ministerio de Ambiente.

“Pero fue el FRG, no nosotros” dicen los funcionarios del actual Gobierno.

Veamos qué pasa ahora que tienen en sus manos una nueva EIA para la aprobación de otra mina subterránea, La Hamaca, dentro de la misma área del proyecto Marlin I. La EIA de Marlin solamente autorizó minar los yacimientos presentados en ese estudio.

Con la misma información (deficiente) de la anterior, cae en muchos de los mismos errores de aquélla. Por ejemplo, esta nueva evaluación no presenta los impactos potenciales más significativos, ni los acumulativos, y por eso no tiene medidas de mitigación indispensables.

Si van a utilizar las mismas instalaciones, ¿cómo van a manejar las cantidades adicionales de desechos? ¿Tienen la capacidad el dique de colas y la escombrera, de almacenar miles de toneladas más de piedras en sopa química? Sin datos precisos en la evaluación no se pueden predecir los impactos.

Ponemos en duda la capacidad técnica de la consultora CTA, del doctor Adrián Juárez, y de su equipo de trabajo, su ética como profesionales y guatemaltecos, pues ellos son los responsables de la realización de ambas evaluaciones de impacto ambiental, así como la de cualquier funcionario que se atreva a aprobar esta dudosa evaluación.

Fuente: www.prensalibre.com


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