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En días de fiesta
Por Magalí Rey Rosa - Guatemala, 22 de diciembre de 2006

¡Feliz Navidad!

Es común que en estos días aparezcan en los diarios publicaciones de evaluaciones de impacto ambiental de proyectos cuestionables desde la perspectiva ecológica. La mayoría de la gente está de vacaciones, preparándose para las fiestas de fin de año, y casi nadie se toma la molestia de revisar los periódicos; así se pasan los 20 días que la ciudadanía tiene para manifestar su oposición, y los proyectos se aprueban silenciosamente.

Eso sucedió con el anuncio de la mina Marlin, que fue publicado a finales de diciembre de 2004.

En enero de 2005 se anunciaba con gran pompa que se extraerían oro y plata en San Marcos, como si fuera la mejor noticia. Pero para quienes habitan cerca del sitio minero, en esas fechas empezó una pesadilla que parece que no terminará.

Durante los dos años que han transcurrido desde entonces, quienes se oponen a la explotación química de minerales metálicos han manifestado su temor respecto del posible agotamiento y contaminación del agua. Y quienes apoyan la explotación minera han asegurado tajantemente que la contaminación no sucederá en esta mina.

Sería -según ellos- una de las poquísimas minas en el mundo que no produciría ninguna contaminación.

Para los fanáticos de la minería, es como si la contaminación fuera un invento de los ecohistéricos enemigos del desarrollo, para crear conflicto. Infortunadamente, no es así: según los datos de un ejercicio de monitoreo del agua del río Tzalá, en las muestras tomadas aguas abajo de la mina, se encuentran valores de metales pesados (en este caso cobre, manganeso, hierro y aluminio) varias veces arriba de los límites considerados aceptables por el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud.

Lo más probable es que esta noticia no inquiete mucho al presidente de la República, al vicepresidente, a los funcionarios del Ministerio de Ambiente, del Ministerio Público ni a los del Ministerio de Salud, al Procurador de los Derechos Humanos ni a los otros funcionarios ante quienes se presentó esta semana la denuncia del caso.

Pero, para quienes habitan en la región, es una noticia terrible, porque los metales pesados son peligrosos; la mayoría produce cáncer y mutaciones genéticas. Y porque, cuando empieza el drenaje ácido en una mina, éste es un proceso prácticamente irreversible y sumamente costoso de tratar, y eso es precisamente lo que puede estar sucediendo.

Como queremos mantener el optimismo, esperamos que haya algún funcionario consciente, que esté dispuesto a cumplir con su responsabilidad. Y si no lo hubiere, de repente algún o alguna funcionaria mexicana sí se lo toma en serio, ya que las aguas del río Tzalá, que se convierte en el Cuilco, finalmente llevarán la contaminación hasta México por medio del río Grijalva.

Fuente: www.prensalibre.com


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