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¿Por qué no?
Por Magalí Rey Rosa - Guatemala, 26 de enero de 2007

Desde que supimos que se había concedido una licencia para la explotación de oro y plata en el departamento de San Marcos manifestamos nuestra preocupación, por todos los medios posibles, debido a los altos niveles de destrucción ecológica y a los graves riesgos ambientales que la minería química de metales presenta en todas partes del mundo.

Hemos señalado constantemente que el peligro más grande es la contaminación del agua. Ésta generalmente se vuelve escasa para la gente que habita en las regiones minadas, debido a que las operaciones mineras requieren de enormes cantidades del líquido, y la posibilidad de que se contamine es muy alta por varias razones.

Cuando se dinamitan grandes cantidades de roca, todos los minerales y metales que se encuentran naturalmente bajo el suelo entran en contacto con agua y aire, y reaccionan químicamente. Además, para los procesos de separación de los metales se utilizan químicos tóxicos.

El potencial de la minería química para contaminar es enorme. Casi no hay una sola mina en el mundo, de las miles que existen, que no presente algún problema de contaminación, aunque las empresas mineras se empeñen en asegurar lo contrario.

Basta buscar en las páginas de Internet para comprobar cuántas comunidades alrededor del planeta tienen problemas debido a las operaciones mineras. Acogiéndonos al principio de precaución, que dicta que ante la incertidumbre lo prudente es proceder como si se tuviera certeza, con el fin de evitar daños mayores, hemos denunciado la presencia de metales pesados sobre los límites admisibles para varios organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud y el mismo Banco Mundial, en uno de los ríos de la región donde se desarrolla el proyecto minero Marlin.

Ante la defensa cerrada que han asumido las instituciones responsables de velar por los intereses de la población guatemalteca, reiteramos públicamente nuestra solicitud de que se realicen pruebas de agua conjuntas, bajo la supervisión de un árbitro neutral e independiente que sea aceptado por quienes se interesan en que la extracción minera continúe y quienes estamos preocupados por la salud de las personas y la integridad ambiental de la región.

Si Montana Exploradora está tan segura de que sus actividades no están contaminado las agua del río Tzalá, no hay ninguna razón para que se niegue a aceptar esta demanda. Esa sería una manera de evitar mayores daños ambientales y de reducir las posibilidades de que aumente el conflicto social que la minería ha causado ya en esa región.

Si no se aceptara, se confirmaría que hay cosas que la compañía minera no quiere que los guatemaltecos sepamos.

Fuente: www.prensalibre.com


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