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¿Será posible otro mundo?
Por Magalí Rey Rosa - Guatemala, 2 febrero de 2007

Hace dos semanas se celebró el Foro Social Mundial (FSM), en Nairobi, Kenia. Este foro es un evento al que asisten miles de personas de muchas partes del mundo para discutir los diferentes temas que preocupan a la sociedad civil, y se realiza en contraposición a la reunión de Davos, Suiza, donde se reúnen los líderes de los países más poderosos del mundo.

Los eventos del FSM contaron con la participación de excelentes expositores (científicos, premios Nobel, líderes políticos, religiosos e intelectuales), quienes compartieron posiciones y propuestas lúcidas y bien sustentadas ante un público hambriento de soluciones para los problemas globales. Fue notable la fuerte presencia de las iglesias tradicionales y de las organizaciones ligadas a éstas, en casi todos los eventos y debates.

Infortunadamente, en casi todos los países del mundo, los medios de comunicación apenas transmitieron notas cortas en las que pintaron el foro como un carnaval de los descontentos. En contraste, la información sobre lo que sucedía en Davos era constantemente transmitida por las agencias de noticias más fuertes del mundo.

Es importante respaldar el lema que caracteriza al foro social: “Otro mundo es posible”, porque para la gran mayoría de seres humanos este mundo “globalizado” ofrece condiciones hostiles, de pobreza, exclusión y violencia intolerables. Si a eso añadimos la crisis ecológica, la construcción de ese otro mundo, con el que ahora solamente se sueña, se convierte en una prioridad para asegurar la supervivencia humana.

África nos ofrece una importante lección. Este continente, riquísimo en recursos naturales, ha sido explotado desde hace muchísimos años, de una manera tan inadecuada que produjo una huella irreversible de devastación ecológica; y, en sus pobladores, unos niveles de pobreza inimaginables.

En África había oro, diamantes, petróleo, bosques, agua... todo en abundancia. Ante la terrible situación en que se encuentra actualmente la mayoría de poblaciones africanas, tenemos que preguntarnos ¿dónde está la riqueza que -se supone- deja la explotación de estos recursos? La riqueza se fue, como se fue el futuro de todo un continente.

El fruto de la explotación está a la vista. Por eso es tan importante trabajar por otro tipo de mundo, donde -en lugar de la explotación- la solidaridad y la cooperación sean la fórmula para enfrentar el reto de supervivencia que los seres humanos del siglo XXI tenemos por delante, como consecuencia del desequilibrio que hemos infligido en el sistema natural de nuestro planeta.

¿Tendremos la fuerza y voluntad necesarias? He ahí la cuestión...

Fuente: www.prensalibre.com


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