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La contaminación mata
Por Magalí Rey Rosa - Guatemala, 2 de marzo de 2007

Hay contaminación del río Tzalá con metales pesados.

El desconcierto y el desconsuelo que causa la forma de responder de los funcionarios de Gobierno, ante sucesos como el asesinato de los parlamentarios salvadoreños y el de sus presuntos asesinos -policías guatemaltecos- pueden compararse con los sentimientos que nos embargan a quienes nos ocupamos de los asuntos ambientales.

En diciembre pasado, el Colectivo MadreSelva denunció en todas las instituciones gubernamentales la contaminación del río Tzalá con metales pesados.

En una carta dirigida al embajador alemán, el ministro de Ambiente afirma que él se enteró de la denuncia por una nota aparecida en Prensa Libre. En nuestras oficinas tenemos una copia de nuestra denuncia con el sello de recibido del Ministerio de Ambiente. ¿Será que el ministro no se entera de lo que pasa en la institución a su cargo? El asunto es sumamente serio, y él tendría que haberlo sabido.

En la misma nota, el ministro afirma que giró instrucciones para una inspección de campo, pero que, por no existir condiciones de accesibilidad en el área de la mina, no les ha sido posible realizar los monitoreos de agua.

La respuesta del ministro, ante la evidente preocupación de la embajada alemana, tiene la misma tónica que las respuestas del ex ministro de Energía y Minas, quien salió en defensa incondicional de la compañía minera, cuando reporteros le pidieron su opinión sobre la denuncia de la presencia de metales pesados en el río que pasa por la mina Marlin.

Las actitudes de estos ministros son tan irresponsables como las declaraciones del presidente Berger cuando defiende a sus funcionarios antes de ver los resultados de investigaciones independientes. Porque aunque el asesinato a sangre fría sea más grotesco, la contaminación del agua también mata… de una manera mucho menos evidente y lenta, y por lo tanto, mucho más difícil de probar.

Pero el crimen podría ser mucho más grave, porque no van a ser cuatro los afectados, sino miles de guatemaltecos inocentes, ajenos a la actividad minera. Si el Ministerio de Ambiente no puede tomar muestras de agua, estamos amolados.

Esa es una de sus responsabilidades más importantes. Las muestras que se tomaron para medir la presencia de los metales no se recolectaron dentro de la mina; aquél es el territorio sagrado de Montana y nadie puede entrar allí…

Eso ya lo sabemos. Cualquiera que se interese por el bienestar de la población guatemalteca puede tomar las muestras fuera del territorio minero. Lo difícil es encontrar -entre los funcionarios de este gobierno- a alguno que quiera velar por los intereses de sus compatriotas.

Para cuando los responsables de las instituciones gubernamentales se decidan a hacerlo, lo más probable es que Montana Explotadora de Guatemala ya no exista… Se habrá ido, y con todo el oro que hubo una vez en esos montes.

Fuente: www.prensalibre.com


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