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¿De quién es el agua?
Por Magalí Rey Rosa - Guatemala, 23 de marzo de 2007

El agua es como la sangre de la Tierra, los ríos conectan los sistemas de vida.

Ayer se celebró el Día del agua y no creo que haya una sola persona en la Tierra que no entienda la importancia de cuidarla. Aun así, hay millones de seres humanos que no tienen acceso a agua limpia en cantidades suficientes.

Se repite continuamente que las próximas guerras serán por agua. Y hoy ya se acepta políticamente que las actividades humanas han causado desequilibrio ecológico, que enfrentamos una crisis ambiental sin precedentes.

Este puede ser, entonces, el momento propicio para abordar el delicado tema de las hidroeléctricas. Delicado para quienes cuestionamos la civilización petrolera, pues la producción de energía es un tema clave para el desarrollo; ¿cómo podemos atrevernos también a cuestionar las hidroeléctricas?

Que quede claro de una vez por todas: no estamos en contra de la producción de energía por medio de la fuerza del agua. Pero las grandes hidroeléctricas -que necesariamente represan el agua y alteran el curso de los ríos- han originado graves problemas ambientales en nuestro planeta, y sería estúpido replicar estos problemas en nuestro país.

Abordemos el tema primero desde la perspectiva ecológica. Es necesario ver a nuestro planeta como un cuerpo viviente. El agua es como la sangre de la Tierra, los ríos conectan los sistemas de vida. Está bien si el médico le dice a un paciente que le va a cauterizar un vaso capilar, pero si le dice que le va a desviar varias arterias, es otra historia.

El problema de las represas y de las grandes hidroeléctricas no es simplemente un problema de ingeniería que puede resolver el ingenio humano. Se trata de la interferencia humana con la interconexión de los sistemas de vida.

Aumentar la alteración humana de los sistemas naturales y sumar más problemas a la gravísima crisis ambiental es peligroso para el futuro de la humanidad, que depende precisamente de estos ecosistemas para sobrevivir, y muy especialmente del agua. Hay muchos ejemplos de desastres ambientales ocasionados por grandes proyectos hidroeléctricos.

Consideremos ahora la perspectiva social: la construcción de megarrepresas para la producción hidroeléctrica ha afectado negativamente a muchísima gente en todo el mundo, porque ha forzado el desplazamiento de millones, ha alterado los ciclos naturales y disminuido la productividad de muchas tierras agrícolas.

A las hidroeléctricas hay que evaluarlas una por una. Habrá ejemplos maravillosos, de pequeñas hidroeléctricas que no causan mayor daño ecológico y que benefician directamente a los pobladores locales. Pero muchos proyectos hidroeléctricos resultan inaceptables, pues contribuyen al desequilibrio ecológico y afectan negativamente a mucha gente.

Fuente: www.prensalibre.com


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