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Hijos de la misma Tierra
Por Magalí Rey Rosa - Guatemala, 30 de marzo de 2007

Nadie es completamente inocente, pero hay grados de responsabilidad...

Está terminando hoy la Tercera Cumbre Continental de Pueblos y Nacionalidades Indígenas de Abya Yala. A mí me invitaron a participar para hablar sobre territorio, recursos naturales y pueblos indígenas, junto a representantes de Perú y Bolivia. ¿Qué puede decir, en ese contexto, una mujer como yo? ¿Cómo hablar con propiedad del problema ecológico con quienes reconocen a la Tierra como madre?

Por ejemplo: en nuestro país se repite hasta el cansancio que la culpa de la deforestación -que es uno de nuestros mayores problemas ambientales- la tienen los pobres, por el uso de la leña; y la mayoría de la población empobrecida es precisamente la población indígena...

Pero no fue por los intereses de los pueblos indígenas que se botaron las selvas de la costa sur ni las del Petén, aunque talvez sí fueron indígenas las manos que se llenaron de callos a fuerza de usar el machete eliminando la cobertura forestal para sembrar algodón y caña de azúcar por unos pocos centavos.

Paradójicamente, casi nadie reconoce -y mucho menos agradece- que uno de los bosques mejor cuidados de todo el país, que abastece de agua a buena parte del altiplano occidental, Ixcán, Sololá y otras regiones, se encuentra en Totonicapán, mantenido y cuidado por pueblos indígenas desde hace cientos de años.

Ese tipo de voraz devastación de la naturaleza y la contaminación industrial no se pueden achacar a pueblos empobrecidos y explotados.

No es solamente en Guatemala, en casi todo el mundo todavía hay bosques y selvas originales en donde habitan los pueblos originarios.

¿Serán los pueblos indígenas los únicos que valoran la vida más que el oro o el petróleo? Porque parecen ser los únicos que están resistiendo colectivamente ante los atropellos mortales que está sufriendo la naturaleza de parte de las sociedades occidentales, industrializadas y modernas.

Talvez el choque entre esa visión original, cíclica, de pertenencia y comunidad planetaria, que se enfrenta a la visión “moderna”, lineal, individualista, incapaz de considerar el futuro de los propios hijos, lo resuelva la naturaleza misma.

El tiempo para tratar de detener el colapso de los sistemas de vida que nos mantienen sobre la Tierra se acabó. El desequilibrio climático ya es parte de nuestra realidad y hay que tener esto muy claro para decidir cómo proceder en el futuro. Ser indígenas o, por el contrario, extraterrestres, y no tener vínculo ni compromiso con nuestro planeta.

Aunque mis ancestros son de orígenes diversos -de allá y de acá- y mi composición genética es mixta, yo me siento indígena, mi alma es de esta Tierra.

Fuente: www.prensalibre.com


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