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Por lógica y sentido común
Por Magalí Rey Rosa - Guatemala, 6 de julio de 2007

Tendríamos que escoger la vida.

Uno de los problemas más críticos que enfrenta actualmente la humanidad es el descalabro ecológico y el cambio climático, generados por actividades humanas. Muy poca gente se atreve a poner esto en duda, como casi nadie cuestiona ya que la quema de hidrocarburos es una de las mayores causas. La lógica más elemental y el sentido común nos tendrían que llevar a tomar todas las medidas a nuestro alcance para evitar una inminente catástrofe global.

Si ponemos de un lado la civilización petrolera (con la alucinante velocidad y las muchas comodidades que representa para millones de personas en todo el mundo), y colocamos del otro el sistema de vida planetario (clima, especies vegetales, animales, y la civilización humana), tendríamos que escoger la vida. ¿No? Porque en esas estamos, es la una o la otra.

Por supuesto, la capacidad y la responsabilidad de asumir las medidas necesarias para pasar de la civilización petrolera a una civilización sustentable tendrán que ser diferentes, como son diferentes la responsabilidad y la capacidad de producir gases causantes del efecto invernadero, entre los países y los ciudadanos de nuestro planeta.

La única manera de evitar consecuencias catastróficas para la humanidad es reducir en 80 por ciento el consumo de hidrocarburos, en los próximos 10 años (de acuerdo con prestigiosos científicos de NASA).

Pero lógica y sentido común no parecen ser características de los líderes políticos más poderosos. Por ejemplo, el presidente Bush sostiene que Estados Unidos, el mayor consumidor de hidrocarburos y gran productor de gases de efecto invernadero del planeta, no reducirá su consumo energético.

Afortunadamente, no todo el mundo es tan necio. En el Ecuador, precisamente ayer, se ha lanzado una iniciativa que tendría que inspirar al resto de países petroleros. En aquel país se encuentra el parque nacional Yasuní, uno de los sitios con mayor biodiversidad sobre la Tierra.

Debajo del Yasuní hay enormes reservas petroleras. El Gobierno ecuatoriano ha decidido dejar el petróleo bajo el suelo, como una contribución concreta para contrarrestar el cambio climático. La población del mundo está en deuda con el Ecuador por este gesto, especialmente porque la población ecuatoriana no es adinerada, y aun así apoya este enorme sacrificio.

En Guatemala sería perverso seguir sacrificando más tierras y riqueza natural para beneficio de la industria petrolera. Todos nuestros esfuerzos deben encaminarse a abandonar paulatinamente el modelo económico y energético dependiente del petróleo. Nada fácil, pero no por eso imposible.

Y sí impostergable. Una vez más, resulta obligatoria la pregunta: ¿cuáles son las políticas energéticas y ambientales que prometen impulsar los aspirantes a la Presidencia?

Fuente: www.prensalibre.com


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